El amor todo lo puede cuando es limpio y sincero. Y si no es así, que nos desmieta Edgar Pozo, mejor conocido como "Flecha", un hombre que a pesar de los rumores que han surgido dentro de sus tres años de matrimonio, ha sabido superarlos gracias al gran amor que le tiene a su hija y a su esposa Milena.
"Flecha" nos dedicó unos minutos de su tiempo para confesarnos algunas intimidades de su relación. Nos contó que está tratando de limpiar su imagen de "perro" que tenía en un pasado, con una actitud decente y fiel ante su familia.
Aseguró que nunca le mintió a Milena, pues desde que la conoció le dejó bien claro con quién se estaba metiendo, ya que su imagen no era nada blanca.
"Su sencillez y su belleza fueron las dos cosas que me impresionaron la primera vez que la vi en la emisora", nos dice el integrante del grupo Comando Tiburón.
"Con tal de dañar mi felicidad, cualquier bochinche se inventa la gente, imagínate que en días pasados estaba conectado al internet, cuando alguien me preguntaba si era verdad que tenía una novia en una escuela, ¿qué te parece?, cualquiera puede decir algo, pero no probarlo", asegura "Flecha".
Él no se considera un hombre machista, sin embargo, no le gusta que Milena trabaje, pero si esa es su decisión, él se la aplaude y la comparte, pues juntos saldrán adelante.
Llevar su relación en paz y con mucho amor no ha sido nada fácil, pues han surgido muchos problemas a raíz de bochinches que surgen. Con todo eso nunca han pensado en separarse.
Cuando él está lejos, extraña sus dos amores, por ello las llama todos los días para no sentir tanto la soledad.
"Mi tesoro más grande es mi hija Mía Victoria, pero voy en busca del varoncito para la descendencia", manifiesta "Flecha".
"Considero que Mía tiene un poquito de los dos, las extraño tanto que cuando estoy lejos me hacen falta y he pensado llevármelas junto a mí cuando viajo", nos sigue contando.
Tan grande es el amor por su familia, que "Flecha" ha pensado darle muy pronto la gran sorpresa a Milena de que se case con él por la iglesia". ¡Qué envidia, chicos!, pero de la buena.