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EDITORIAL
Placer morboso
La reciente renuncia del asesor presidencial I. Roberto Eisemann deberá traer repercusiones, ya que su separación del gobierno no lo exime de dar a conocer los nombres de los "maleantes disfrazados que están enquistados en la administración pública".
En Panamá se ha hecho costumbre entre los políticos, el hacer acusaciones pero sin aportar pruebas cuando la parte demandada lo solicita. Asimismo, las autoridades pertinentes tampoco investigan de oficio, como debiera ser, las acusaciones que se presentan en determinada situación. Probablemente este asunto quede "en nada" como ha sido costumbre en nuestra cultura política que después de despertar una gran incertidumbre, se quedan en el nada los cargos.
Los panameños tenemos que ponernos serios y sustentar las acusaciones que se hagan contra determinados funcionarios. No puede quedarse en el vacío el señalamiento contra un delincuente y luego dejar que el tiempo borre las anomalías que se han descrito. No es un placer morboso el que nos anima a que se digan los nombres de "maleantes disfrazados de empresarios" pero por la salud moral del Gobierno deben concretarse los mismos porque no se debe caer en la complicidad de ocultar a los responsables de supuestos delitos.
La ciudadanía está cansada de las aspaventosas manifestaciones que se dan en la política criolla y que terminan con la exoneración o el olvido de casos que se dieron para nutrir el morbo. Como este es un país en el que todo el mundo sale ileso, el asunto parece despertar más curiosidad que expectativa, ya que hay precedentes de que después de tanta alharaca, al volver las aguas a su nivel amaina la tormenta y la amnesia es la tónica dominante.
No nos sentimos optimistas del resultado de esta situación que es semejante a otras que han ocurrido en sucesos recientes, pero queremos advertir que esto no puede continuar porque le resta imagen al país. Es tiempo que en la Nación haya una depuración, tomando en cuenta la supuesta corrupción que se multiplica en todos los estratos sociales tanto en el sector público como en el privado. Las irregularidades que se dan frecuentemente en el Gobierno debieran motivar a los funcionarios a una reacción inmediata, pero lo que hacen es postergar la respuesta que el pueblo espera. Panamá se enfrenta al reto de un destino superior pero el mismo se ve empañado por las acciones e interferencias de malos ciudadanos, sin embargo, aún no se doblega la fe pública e insistimos en que veremos la luz al final del túnel.
Aunque no se quieran dar cuenta los que gobiernan, este es un país en crisis. Lo han señalado las iglesias Católicas y Evangélica a través de la Conferencia Episcopal Panameña y el pastor Manuel Ruiz, lo que parece coincidir con el asesor presidencial Eisemann. Pero quien tiene oídos sordos ante tales evidencias, no se percatará de aquello que dijo Rufino Cuervo en una ocasión: El que quiera conocer a Panamá, que corra porque se acaba.
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PUNTO CRITICO |
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