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MENSAJE
Nunca nació, pero vive

Hermano Pablo
Costa Mesa, California
Gianna Jansen, de quince años de edad, subió a la plataforma. Tomó el micrófono en sus manos y, cuando el piano dio los acordes de introducción, comenzó a cantar. Cantó una canción espiritual, una canción que los conmovió a todos. El público que llenaba la sala de concierto sintió la emoción de la música, del canto y de la joven que cantaba. Porque Gianna Jansen, de quince años de edad, llena de vida, llena de entusiasmo, llena de optimismo y de alegría, nunca nació. Ella fue el producto de un aborto. A Gianna la recogieron de una clínica de abortos y la reanimaron milagrosamente. La sacaron literalmente con vida, pero no del vientre materno sino de un recipiente clínico lleno de una solución salina. Gianna nunca nació, por lo menos de un modo normal; pero vive, y está llena de entusiasmo, de seguridad y de vida. He aquí uno de los pocos casos en que una criatura, que fue arrojada violentamente del cuerpo materno siendo sólo un feto, pudo ser rescatada después de la atroz acción de su madre. Este hecho es más notable aún debido a que Gianna, que fue adoptada por una buena familia, superó varias deformidades y padecimientos congénitos, y venció enormes dificultades para llegar a ser una brillante cantante cristiana a los quince años de edad. Si quisiéramos describirla poéticamente, podríamos decir que Gianna se parece al lirio de los pantanos. Este surge del fango, pero crece y se desarrolla hasta asomarse a la luz y abrir su blanca y delicada corola, para ser el encanto de la ciénaga y una chispa de luz en medio del sombrío entorno. No importa cómo fue nuestro nacimiento. Lo que importa es el hecho de estar aquí. Importa nuestro crecimiento, e importa el desarrollo que tenemos en la vida. Podemos tener un origen muy sencillo, tal como haber nacido en una cuna muy pobre, incluso en medio de la miseria física y moral más vergonzosa, pero nunca dejamos de ser criaturas de Dios, con el potencial de ser llenas de su amor infinito, y ser elevadas hasta alturas celestiales. Sea cual sea nuestra llegada al mundo, vengamos del trasfondo que vengamos, hayamos o no sido víctimas de la más vil perversión humana, fuimos planeados por Dios y creados a su imagen y semejanza para ser hijos suyos. Esa es nuestra razón de ser. Levantemos en alto la cabeza, elevemos los ojos al cielo y recibamos del Señor de la gloria el premio que El nos tiene guardado. ¿Acaso no somos hijos de El?.
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