Sí, el orgullo de ser panameño existe, y el pasado domingo muchos se dieron cuenta que hay motivos verdaderos para gritar a todos que somos un mundo de razas, y que en este pedazo de tierra los siglos nos han enseñado a recibirlos con los brazos abiertos.
Negros, blancos, indios, azuerenses, darienitas, con disfraz o casi sin ropa, eso fue el "Desfile de las Mil Polleras" que de ahora en adelante debe llamarse el desfile de la diversidad panameña.
El folclore se tomó las calles con expresiones tan dramáticas como la balsería por los indios guaymíes que causó asombró entre los asistentes, los parrampanes de Herrera demostraron cuán alegre es la gente allá, la respetada danza del Corpus Christi, los cantos congos y el bullerengue darienita, tuvieron su espacio y qué decir del folclore chiricano que se tomó un tramo responsable del trayecto, demostrando que el "gana’o bravo" en folclore tiene mucho que ofrecer.
Las polleras, de ellas hubieron más de mil. La verdad es que esta alegría panameña no debe quedarse allí.
Felicitaciones a sus gestores y a los que llegaron desde lejos para hacer de esta versión del desfile de las mil polleras una verdadera fiesta de la panameñidad.
¡Qué viva la diversidad!