Al Partido Revolucionario Democrático (PRD) le queda solo una semana en el poder. Pero el proceso de transición hacia una nueva administración es la menor de sus preocupaciones.
Luego de sufrir una aparatosa derrota electoral el 3 de mayo pasado, el partido más numeroso del país pasa por su peor momento desde la época post invasión.
Azotados por la confusión y la división interna, el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD se reunió dos noches atrás para convocar al Directorio Nacional para el próximo 28 de junio, y ahí aprobar la realización de un Congreso Nacional Extraordinario el 11 de octubre.
Aunque para este directorio se anticipa la rendición de un informe de gestión del Secretario General del PRD, Martín Torrijos, reformas a los estatutos y el planteamiento de una posición oficial como partido de oposición, el tema de la elección de nuevos miembros del CEN -el punto más álgido y crucial dentro del colectivo- no será tocado este año.
Se dejó entrever para elegir un nuevo CEN a inicios del 2010, pero no hay fecha fijada.
Hasta que este paso no se haya concretado, el clima perredista seguirá siendo tumultuoso y conflictivo. Pero no solo deben darle paso a esto; es preciso analizar profundamente cuáles y cuántos fueron los errores que como gobierno y como partido se cometieron, y a su vez reestructurar al PRD para adaptarlo a los nuevos tiempos, ya que la época del bipartidismo ha llegado a su fin.
Los últimos dos años han sido duros para la vieja guardia perredista. Algunos fallecieron y otros emblemáticos perdieron valiosos espacios políticos que ostentaron durante largo tiempo. Ante esto, el reto del partido más numeroso del país está en refrescar su dirigencia y su oferta política.