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EDITORIAL
Protestas estudiantiles
Un derecho inalienable de todo ciudadano, es protestar cuando siente que sus derechos son ultrajados. Y las protestas son un medio para que un pueblo ultrajado, se deje escuchar. Son la vía de que se le tome en cuenta y se le dé participación. Es una carta que hay que saber jugar. Panamá, prácticamente ha hecho su vida republicana a base de protestas. Muy recordadas son las de los institutores, pertenecientes al que llaman "Glorioso Nido de Águilas".
Históricas son sus luchas titánicas cuando se enfrentaban a la Fuerza Pública. Piedras, gases, propiedades destruidas, heridos y hasta muertos resultaban durante las batallas, por reclamos populares.
Esas prácticas, con aquella intensidad y de manera continua de aquellas décadas, se han ido dejando atrás en los últimos años. Sin embargo, de vez en cuando se muestran los resabios de aquellos tiempos cuando nuevas generaciones intentan retomar el bastión de los líderes de aquellos años y salen a las mismas calles alzando su voz de protesta contra situaciones que propiamente, atentan contra todo un pueblo.
Empero, resulta ilógico llegar a extremos cuando se supone que se cuenta con un estado mental e intelectual de desarrollo acorde a los tiempos modernos. Con la llegada del nuevo siglo y las conquistas de campos como el de la educación, la comunicación y la tecnología, resulta un poco aturdido entender las medidas extremas que se toman para hacerse escuchar.
Tal vez en otras circunstancias, las protestas no serían tan cuestionadas sino se afectara directamente a quienes no tienen que ver en el problema y que de una manera y otra, son también víctimas de una medida contra la cual lucha el estudiantado.
Las manifestaciones que han venido realizando los institutores en los últimos días, han dejado en la población más sinsabor que vítores, toda vez que los perjudicados es el mismo pueblo del cual dicen los protestantes defender. Ese es un punto que siempre se ha discutido. Cuando se dan protestas, los más perjudicados son los de la comunidad a quienes han destruido sus bienes y que nadie, ni el Gobierno ni los manifestantes, repondrán.
Cuando los estudiantes se han lanzado a la calle, son los trabajadores que acuden a sus puestos de trabajo, los perjudicados, ya que deberán llegar tarde, si es que logran llegar a sus empleos; son los automovilistas los que pagan la furia del protestante mientras que el objeto directo de su ofuscación, se desenvuelve libremente como pez en el agua en su mar.
No es que se critique la forma de hacerse escuchar de un grupo de estudiantes que se supone, se prepara para un mejor porvenir. Si no las magnitudes de su proceder. ¿Por qué no recurrir al diálogo? ¿Será porque se ha agotado el término y no se han visto frutos del mismo? ¿Es acaso el salir a las calles y lanzar piedras, recibir gases lacrimógenos y atropellar al ciudadano común la manera correcta de hacer notar la furia?
Una protesta con altura, decoro, inteligencia se haría sentir más que las que emulan el salvajismo, sobre todo cuando el motivo de la protesta: la supuesta privatización de la Caja de Seguro Social, ya fue descartada por el gobierno.
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PUNTO CRITICO |
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