En una breve escala en Frankfurt del Meno, tuve la oportunidad de percatarme de la fiebre futbolística que vive Alemania debido a la organización de la Copa del Mundo en ese país europeo. Banderas alemanas en cada esquina del emporio económico más grande de Europa, camisetas de los 32 equipos participantes en todos los bazares y balones de fútbol hasta en las narices de los aviones de Lufthansa, eran notables por donde uno miraba.
Sobre las banderitas alemanas, escuché de lo poco que sé germano, lo que la gente hablaba del Mundial. "Siempre iré por mi país, aunque esté jugando mal", decía una joven cuando compraba su camiseta con el tradicional negro, dorado y rojo de la bandera alemana.
La fanática me hizo recordar la mala manía de los panameños de apoyar equipos extranjeros cuando llega el Mundial. Como nunca Panamá ha asistido a la etapa final del campeonato de fútbol, nuestros compatriotas deben conformarse con respaldar a sus selecciones favoritas.
Indudablemente, Brasil tiene el mayor respaldo de la fanaticada local istmeña. Su similar estilo de vida, el tropical modo de jugar de los brasileños, los héroes del pasado como Garrincha y Pelé, además de la ascendente figura de Ronaldinho, casi obligan a nuestra gente ir por el coloso verde amarela en su campaña por volver a repetir como campeones del mundo.
Por supuesto, las banderitas de Brasil ondean en los carros y ventanas de algunas viviendas en Panamá. Recuerde también que cerca de 20, 000 becarios panameños han ido a estudiar a Brasil en las últimas cuatro décadas.
Otros, en cambio apoyarán a Argentina, Colombia, México o Costa Rica, hermanos latinoamericanos con un fútbol atractivo. También habrá quien respalde a Inglaterra, Francia, España, Italia, Portugal o la misma Alemania, como yo.
Pero este año, no haremos el pecado de levantar una bandera ajena en el carro, la oficina o en la casa, porque nuestro equipo de fútbol no pudo llegar al Mundial. Sería maravilloso que en vez de Costa Rica o Trinidad - Tobago, fuera Panamá la que con su tricolor jugara en Alemania.
Sé que con el pésimo equipo de fútbol que tenemos, de los individualismos, la terrible organización de la ANAPROF y la Federación de Fútbol local, quizás jamás en la historia iremos a un Mundial. Pero el amor a nuestra camiseta quedó impregnado luego del hexagonal de CONCACAF y la Copa de Oro.
En este Mundial, apoyaremos a la Alemania, pero en el corazón Panamá seguirá en nuestra mente, con el sueño de que en el futuro, cuando nazcan nuevas figuras deportivas, la Tricolor rojo, blanco y azul participe en una Copa del Mundo de la forma más humilde y para envidia de los vecinos del patio latinoamericano.