Medite, piense y reflexione acerca de lo que ha leído: "La injusticia, la opresión y la miseria que pesan sobre millones de hombres en nuestros días, exigen una clara y eficaz toma de postura colectiva, hacen necesaria, con extrema urgencia, una resolución sin la no violencia". (por Jean Goss).
En el congreso de Viena (7 al 1 de abril de 1968) realizado por el movimiento internacional bajo el tema: "la revolución de la cruz y las revoluciones de su tiempo, con la participación de eminentes teólogos y laicos de distintas confesiones cristianas, venidos de catorce países de Europa Occidental y Oriental y del tercer mundo fue un éxito inesperado. La lucha para lograrlo fue constante, posesiva y creyente en la fe en Dios. La concurrencia cristiana comprendió que el combate realizado por las dos terceras partes de la población mundial que viven en la miseria o sufren la pobreza, está fundado sobre el derecho a la vida, aunque los cristianos no lleguen a sostener tal lucha.
Jean Goss, secretario internacional del mencionado "Movimiento internacional de la Reconciliación" para establecer los principios esenciales de una acción no-violenta, eficaz y realista, concluye así: ¿Cómo hacer un diálogo? De hombre a hombre, para hacerlo, antes no falta "creer en el otro". No hace falta creer que el otro no es un robot, ni un superhombre, ni satán, sino un hombre, un simple hombre y nada más. Pero si este hombre está solo, tendría miedo; entonces se convierte en un tirano, será un tirano por nuestra cobardía. Es nuestra cobardía lo que hace tiranos en todos los niveles. ¡Comprenderlo, descubrirlo!
Ahora bien, cuando un teólogo de derecha o de izquierda, un obispo o un ministro me cerraba el pico, yo partía de nuevo, ¿hacia dónde? ¡a la mierda, con los otros! ¡Gran-Jean, adelante. Es así como yo sentía los problemas; los descubría, lo aprendía y reaprendía. Porque esto no se aprende internamente.
Es necesario descubrirlo siempre.