"Dios no castiga palo ni piedra, sino lengua", así reza un refrán muy popular. El tema me vino a la mente, luego de conocer un incidente lamentable que enfrenta una conocida figura pública, que se vio involucrada en un hecho, que días antes había cuestionado acremente.
Los pormenores es lo de menos, pero esa historia se repite varias veces con diferentes protagonistas y diferentes situaciones.
Hay gente que le encanta murmurar y hablar contra sus semejantes. Si alguien enfrenta un problema, no se lamenta, sino que lo celebra.
Sin embargo, olvida que en la vida hay un nivelador, que establece que con la vara que midas serás medido y una cuarta más.
En pocas palabras, en vez de lanzarte como una fiera sobre la figura que está en desgracia, lo sensato es tener compasión frente a ese momento difícil.
Que feo es escuchar que un ser humano exprese su alegría por las dificultades que enfrente otra persona.
Quizás ese ser que hoy está inmerso en una crisis te hizo algún daño con su lengua viperina, pero el no guardarle rencor habla mejor de ti, que proferir toda clase de comentarios negativos contra ese semejante que ahora está caído.
Sea cual sea a situación de los demás, en lugar de comentar para burlarte de esa persona, busca la manera de ayudar. Recuerda, nadie experimenta las cosas por cabeza ajena, y si tal vez, si esa persona hoy está pasando por una situación difícil, quizás tu puedas estar pasando por lo mismo.
Amigo lector, aprende a mirar las cosas que pasan a tu alredero, y analízalas, pero eso sí, aprende que en este mundo sólo existe alguien que puede juzgar.
Deja que la vida se encargue de cobrarle esa cuenta, no olvides que
"Dios no castiga palo ni piedra, sino lengua".