Las reformas a la Caja de Seguro Social trascienden los problemas relacionados con las pensiones por vejez, invalidez y muerte, así como los procesos de maternidad y riesgos profesionales. La iniciativa apunta más al legado democrático que habremos de dejar a las futuras generaciones de este país, que a un incremento escalonado de la edad de jubilación y la estabilidad financiera de la entidad más íntimamente relacionada con la población.
En nuestra historia como nación independiente, estamos por primera vez demostrando que caminamos con pantalones largos, haciendo frente a una realidad en que el gobierno y la sociedad civil se conjugan para lograr un acuerdo. Luego de los resultados de este proceso nos habremos de referir a nuestro país como el Panamá de ayer y el de hoy.
La anterior presencia estadounidense y el paternalismo militarista de las pasadas décadas no permitió el desarrollo de un consenso nacional. A diferencia de México, donde el gobierno de Vicente Fox ha dejado las responsabilidades a su reemplazo, los panameños hemos demostrado nuestra conciencia ciudadana al emprender la reforma de la Caja de Seguro Social.
La Asamblea Nacional, se empinó sobre los argumentos de naturaleza política y logró una histórica convocatoria para discutir de manera amplia el asunto y la Comisión de Trabajo acogió a los diferentes grupos de la sociedad, incluyendo a la oposición política, quienes también con un sentido patriótico han expuesto sus planes en torno al futuro de nuestra seguridad social.
Hemos dado al mundo un claro ejemplo de madurez política y de confianza en nuestras instituciones, lo que representa, sin duda, una ganancia para nuestra democracia, donde incluso los grupos radicales han jugado un importante papel en el decurso de los acontecimientos.
Este método ha sido acertado. Todo el trabajo de los grupos participantes no debe ser desaprovechado, porque sería la negación de un esfuerzo colectivo y el peligro de un sendero de extremismos podría quedar abierto.
Es más, a pesar de las críticas de algunos grupos contra el diputado presidente de la Comisión de Trabajo, Leandro Avila, debe evaluarse la amplitud de su criterio y su valor de enfrentar las posiciones antagonistas y por lo tanto debemos respetar su carácter, ya que su experiencia en asuntos laborales ha servido de garantía para el éxito de las jornadas de discusión.
Reconocemos que algunas cosas deben corregirse y una de ellas es la densidad de las cuotas, que en trescientas han dejado un efecto traumático, porque aquellos ciudadanos y ciudadanas cuyas edades comienzan a superar los cuarenta y cuarenta y cinco años, tienen el temor de no alcanzar esa distante fecha del retiro.
Tomar en cuenta ese desfile de panameños y panameñas que hicieron sentir su posición en torno a este asunto, debe ser una obligación del gobierno, como garantía de un futuro democrático.