Sólo bastaron seis minutos en el segundo tiempo para que el Liverpool remontara un marcador adverso de tres goles por cero que tenía el Milan de Carlos Ancelotti.
Era una noche fría en Estambul, los aficionados ingleses no lo podían creer, Mejuto González acaba de iniciar el partido y ya Paolo Maldini celebraba el primer gol a pase de Pirlo desde el costado derecho.
Como balde de agua fría llegó el gol, los Reds cayeron sicológica y anímicamente, no podían contener el aluvión que se les venía encima.
Todo hacía prever una fiesta de goles para los italianos. La segunda anotación llegó por un pase largo de Kaká sobre la derecha, para que el ucraniano Shevchenko realizara el pase de la muerte y el argentino Hernán Crespo anotara el segundo gol.
Mientras los italianos se hacían dueños del terreno, Milan Baros discutía con el colegiado español Manuel Mejuto González. Gerard no aparecía y Benítez no dejaba de dar instrucciones.
Kaká, que tuvo una noche mágica, cedía en los botines de Crespo el tercer gol, con este tanto los tifosis italianos festejaban llenos de júbilo en las graderías del estadio olímpico de Atatürk; a nadie se le ocurría pensar en una remontada del equipo inglés.
Comienza la segunda etapa, Rafael Benítez, cambia el sistema y apela al orgullo inglés, para volver y ganar la Orejona. El gol del descuento llegó al minuto 54 de tiempo corrido y fue obra de Steven Gerard, que salta sin marca en el área chica cambiándole la trayectoria al balón que se introduce en las mallas. El capitán inglés no celebra la anotación e incita a sus compañeros a buscar el segundo.
Pasaron 4 minutos, y Smicer empalma la pelota fuera del área y bate a Dida, era el segundo gol y los corazones de los Reds volvían a latir, el empate estaba cada vez más cerca. Con el balón en los pies, Gerard entra al área y Genaro Gattuso le comete falta, el colegiado no lo piensa dos veces y decreta la pena máxima y el español Xavi Alonso es el encargado de cobrarlo. El disparo fue abajo, Dida logra contenerlo y deja el balón a merced de Alonso que le pega con furia para decretar el empate en el marcador.
EL partido termino empatado a 3 en los 90 minutos reglamentarios, en la prórroga no hubo goles, todo se definió en los tiros de penal, donde los rossoneri fallaron en 3 ocasiones y los reds aprovecharon y levantaron la orejona.
Los corazones ingleses empezaban a latir y las lágrimas de la frustración del primer tiempo quedaron atrás y en el Atatürk, sólo se escuchaban las letras del himno del Liverpool, You'll never walk alone (Nunca caminarás solo).