Ningún presidente, ni de Colombia ni de Panamá, ha podido solucionar la crisis en la zona fronteriza de Darién con Colombia donde las hojas de las historias de crímenes, persecución, secuestros y droga son interminables. El elemento en común que se escucha de los que salen de allá es el mismo: "huyen por sus vidas".
La crisis en nuestra frontera con el hermano país vecino de Colombia no es que se agudice, ya ha estado aguda desde hace décadas y nadie logra solucionar el problema.
¿Falta de seguridad? ¿Tierra de nadie? ¿Miedo? ¿Falta de equipo para enfrentar la situación? Estas preguntas sin duda tendrán una respuesta que nos dirá en realidad qué es lo que pasa en la zona selvática más espesa de América que sirve de frontera natural y también de escondite de guerrilleros y de narcotraficantes.
Lo último, algo que seguramente motivó a otros grupos, fue lo que indujo a 47 nuevos desplazados que salieron huyendo del territorio colombiano y que ahora están en la comunidad de Jaqué. Ellos pelaron los ojos por miedo a ser asesinados y salieron huyendo porque no querían cultivar la coca.
Esta es una situación que se repite a cada instante. La culpa es de los gobernantes que no han actuado en serio para contrarrestar el mal que nos afecta que trastoca el status quo de los pueblos. Puede sonar muy duro, pero la lucha contra estos grupos debe ser frontal, pues no se puede negociar jamás con los que imponen el terror en nuestra sociedad.
Ojalá ambos gobiernos se sienten de una vez y hagan valer su posición democrática de salvaguardar la vida y honra de sus ciudadanos o sino que la misma historia los juzgue por su inoperancia manifiesta.