El diccionario define la hipocresía como el acto de fingir que se tienen ideas, cualidades y sentimientos, que en realidad están ausentes de nosotros. La palabra proviene del latín tardío hypocrisis y del griego hypokrisis, que significan acción de desempeñar un papel.
A lo largo de la vida uno observa episodios diversos de hipocresía. Recuerdo que en mis tiempos universitarios tenía un compañero acaudalado. A pesar de tener todo lo material que uno se puede imaginar, el hombre ofrecía su amistad franca y desinteresada.
Sin embargo, nadie es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo; había un grupo del salón que hablaba peste de él. Para las cercanías de una Navidad, el amigo organizó una fiesta en su casa de playa. Adivinen quiénes fueron los primeros en llegar: la gente que despotricaba a diario contra el tipo de los billetes. Los hipócritas -como artistas que desempeñaban un excelente papel- se fundían en abrazos y saludos con el dueño de la pachanga. Una fiesta los hizo fingir sus sentimientos.
La hipocresía figura hasta en las Santas Escrituras. En Mateo 6:2 nos dice "cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa".
No hay una vacuna para repelar a los hipócritas, pero cada cual puede establecer sus pautas para alejarlos y lo más importante, no convertirte en uno de ellos.
Lo más importante es ser prudente para elegir tus amistades.