El jefe del Ejecutivo ha planteado utilizar parte de los ingresos del Canal de Panamá, para destinarlo a la educación y a la reducción de la pobreza.
La iniciativa no es tan nueva. Ya en la administración del mandatario Ernesto Pérez Balladares se planteó esa posibilidad. La realidad es que aunque el Canal en cinco años ha hecho aporte al Estado por 1,332 millones de balboas, el común de los panameños, no percibe los beneficios de la reversión de esa gran activo nacional.
Sucede que ese dineral ingresa a la caja común del Estado para financiar los gastos de la burocracia y los panameños no sienten que las ganancias del Canal contribuyen a mejorar su situación.
Ahora, en el marco de la Conferencia Anual de Ejecutivos de Empresa (CADE), se lanzó la propuesta de asignar 10 centésimos por cada tonelada que transite por el Canal a un fondo para la educación y el combate de la pobreza.
Bien sabido es que la única forma que una nación salga del subdesarrollo es mediante la educación de su población, sobre todo los más humildes, que son los que menos ingresos tienen.
En Panamá casi el 50 por ciento de la población vive en pobreza y en algunos lugares apenas se consiguen dos balboas diarios para vivir. Ojalá la iniciativa en torno al Canal cristalice y así podamos llevar un alivio a esos hermanos que hoy residen en la miseria.
El Canal por 85 años estuvo en manos de Estados Unidos y tras su reversión se prometió que traería algo de porvenir a los panameños. Hasta ahora, poco es lo que se ha visto en torno a esa promesa. El Estado ha consumido los millones que se le han entregado. Ahora le corresponde al pueblo pobre su oportunidad.