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EDITORIAL
Caída de Sadam
Decía un sabio de la política que "la historia se repite en espiral". Ayer, los iraquíes se libraron de la dictadura militar de Saddam Husein, la cual dominó a la moderna Mesopotamia por espacio de 25 años. Al conocerse la victoria de las tropas anglo-norteamericanas sobre las fuerzas de la otrora gloriosa Guardia Republicana, los oprimidos residentes de la sitiada Bagdad salieron a las calles para celebrar la caída del régimen.
Los que se suponían crueles enemigos de Estados Unidos y de la cultura occidental que tanto promueve Washington, ahora ondeaban las banderas de barras y estrellas, e igualmente felicitaban a los Marines por haberlos "liberado del yugo opresor".
Las mismas escenas de júbilo y alegría que se reflejaron a la caída del muro de Berlín, ayer se observaron en Bagdad, cuando la gente se sintió liberada de un gobierno autoritario, que reprimió a la democracia.
El destino de Irak está marcado por su invaluable recurso natural: el petróleo. El aceite que mueve las máquinas de la guerra y de la economía del mundo ha provocado la enorme sangría humana, sumada a una tragedia en donde millones de personas han quedado en la marginalidad, por no decir extrema pobreza.
A pesar del inevitable desplome del régimen iraquí, existe todavía resistencia de algunos acólitos de Sadam en Mosul, Kirkuk y Tikrit, esté último poblado natal del ahora destronado dictador. Se estima que las refriegas del conflicto en Irak continúen por varias semanas.
Se espera que Estados Unidos y la Gran Bretaña impongan un régimen de ocupación provisional, con el fin de depurar todo vestigio de la dictadura de Sadam, para igualmente instalar un gobierno democrático, pero afín a los intereses de las potencias vencedoras.
La participación de las Naciones Unidas en este futuro plan de reconstrucción de Irak es necesaria para evitar que el nuevo gobierno iraquí no pierda legitimidad ante la comunidad internacional. El caso del cambio de gobierno en Afganistán, cuando la guerra contra el frente talibán en el 2001, es un posible ejemplo de lo que puede suceder en Bagdad.
Ahora es menester observar con detenimiento la reacción de otras naciones consideradas como virtuales enemigas de Estados Unidos, a saber los casos de Siria, Irán y Corea del Norte. Es posible, como dijo un asesor presidencial de Bush, que la "guerra preventiva" de EEUU contra el terror, se dirija a neutralizar a estos países.
Pero igualmente el caso de Colombia, en donde hay grupos considerados como terroristas (el ejemplo de los paramilitares y las guerrillas marxistas en subversión), nos debe preocupar, porque en este caso, de seguro Panamá se verá involucrado en dicho conflicto.
Veremos que ocurre con el Irak post-Sadam, pero es casi seguro que los iraquíes tendrán una buena oportunidad de hacer un nuevo futuro, si evitan seguir con la tradición de favorecer a los líderes dictatoriales que tanto han oprimido a Mesopotamia por milenios.
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PUNTO CRITICO |
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