Cada vez que voy al parque de Santana me caigo en el llamado "túnel del tiempo" y me voy al pasado. Hace medio siglo, ese era el centro del debate democrático.
Como adolescente curioso estuve en varios mítines, en los que la juventud exponía sus deseos de cambio para vivir en un mejor país.
Antes, en el año veinticinco del siglo pasado, fue en Santana donde ocurrieron incidentes de la lucha del Inquilinato.
Todavía recuerdo fotos de las tiendas de campaña del ejército norteamericano instaladas en ese parque. ¡Qué vergüenza!
Ahora, Santana es el "valle de los caídos" de algunos ancianos. Se les ve rumiando sus recuerdos, esquivando los excrementos de las palomas y pájaros que están en los árboles.
El sitio muestra suciedad, malos olores, piedreros pidiendo plata... en fin, algo negativo para los panameños.
Santana y sus alrededores podría convertirse en otro atractivo turístico, para extranjeros y nacionales. Habría que mejorar sus instalaciones, poner murales con retazos históricos, momentos especiales que se vivieron en Santana.
Pero parece que en este país lo que menos interesa a los municipios son los parques. Varios de ellos están descuidados y sin los artefactos en buen estado para uso de los niños.
En Bella vista, el parque está encajonado, rodeado de enormes edificios que le quitan aire, luz y belleza natural.
Vaya al Parque Porras y no tendrá deseos de permanecer mucho rato. Muchos panameños no tienen idea de por qué se llama así.
Igual ocurre con el parque Nacho Valdés de Punta Paitilla.
Existen disposiciones urbanísticas que exigen un "área social" en cada barriada. Bueno, muchos de ellos no son parques sino lotes baldíos.
Pero no solamente descuidamos nuestros parques, sino que nos damos el lujo de destruir algunos.
Recuerdo las horas pasadas en turtulias, conversaciones románticas viendo el mar, observando al imponente Vasco Núñez de Balboa y a lo lejos, al parque Anayansi, en recuerdo de su amada indígena.
Centenares de turistas y panameños, de todo nivel socio económico, disfrutaron del ambiente de esos parques, que ahora han sido afectados por el "progreso" de la Cinta Costera....
Tenemos una ciudad enferma, no me canso de repetirlo. Ojalá las nuevas autoridades municipales hagan algo por mejorar nuestros parque, para que se conviertan en sitios de esparcimiento y se disfrute de la naturaleza.
Una ciudad sin parques... ¡es como un macarrón sin salsa!