Ahora que se acerca el Viernes Santo; día más sagrado de la cristiandad, ya que conmemora el sacrificio máximo de Jesucristo por la salvación de toda la humanidad, vale recordar el verdadero significado de la palabra sacrificio, y cómo con frecuencia erramos al ejercer nuestra fe, priorizando pequeños simbolismos y tradiciones insignificantes por encima del verdadero modo de vida cristiano.
Y es que solo alguien que ha sido guiado erróneamente durante toda su vida en cuanto a los preceptos del cristianismo puede pensar que evitar comer carne el viernes santo lo va a acercar más a Dios, en vez de llevar el estilo de vida enseñado por Jesucristo, de humildad, ayuda a los más necesitados y alejado de las tentaciones mundanas.
La existencia de tantas religiones basadas en la doctrina de Jesucristo, pero desvinculadas al catolicismo fundado en Roma se debe a la desilusión de muchos fieles al ver que los líderes religiosos no practicaban lo que predicaban, y que sus sermones estaban cargados de contradicciones, hipocresía y hasta un desconocimiento absoluto del evangelio.
Pero no nos engañemos, porque hay malos pastores en todas las religiones. Líderes religiosos de diferentes congregaciones y denominaciones hoy en día enfatizan sobre lo simbólico, lo estético y lo ornamental, en vez de lo espiritual.
Otros líderes religiosos exprimen el bolsillo de sus fieles, empujándolos a donar sus cuentas bancarias enteras y sus propiedades a sus Iglesias. Utilizan palabras de Jesús para hacer sentir culpables a la gente sobre sus posesiones y bienes materiales, y así apoderarse de todo lo que tienen.
Si leemos por nosotros mismos los evangelios, nos daremos cuenta de que mucho de los rituales repetitivos que hemos realizado durante toda nuestra vida -como rezar 10 padres nuestro y 20 ave marías, evitar las carnes rojas en días religiosos, hacer largas peregrinaciones de rodillas y autoflagelándonos, y muchas otras más- no nos mejoran como personas. Estos son los aspectos superficiales de la fé.
Lo que realmente nos hace buenos cristianos es obedecer los 10 mandamientos, agregando el undécimo enseñado por Jesús. Si dejamos nuestros vicios, mejoramos nuestra vida marital, evitamos la violencia, cuidamos de nuestra salud y la de los nuestros, si ayudamos incluso a quienes no conocemos, ahí estamos siguiendo a Cristo.
Dios nunca nos ha pedido que hagamos de un lado el sentido común a la hora de seguir sus mandatos. Los rituales y oraciones repetidas como papagayos no nos valdrán de nada en la otra vida, si no estamos dispuestos a abandonar lo que se denomina el pecado.