Dios le dio la vida para triunfar; lo que significa vivir plenamente, realizarse en todo el sentido de la palabra. Y para esto, tiene que vivir motivado. Los que triunfan son personas motivadas y los que viven desmotivados, no se realizan y fracasan como seres humanos.
La motivación consiste en sentirse impulsado, animado por una idea fuerte que afecta la mente y el corazón del hombre. Es una idea capaz de mover todo el ser. La persona motivada activa sus potencialidades, está despierta, lúcida y alerta. Se siente fuerte, contenta. Se mueve, está dispuesta y es capaz de vivir mejor sus momentos presentes.
Jesús siempre estuvo motivado: el amor y la obediencia a su Padre, la salvación de toda la humanidad, la implantación del Reino de Dios en la historia y la revelación del gran misterio de Amor que es Dios. Los grandes hombres han sido gente muy motivada. Martín Luther King demandaba que se respetaran los derechos del negro americano. La Madre Teresa de Calcuta ansiaba que todos los abandonados tuvieran un hogar y comida, además de ser evangelizados. Winston Churchill ambicionaba que Inglaterra sobreviviera al ataque Nazi y fuera una potencia. Pablo Picasso pretendía revolucionar el arte de la pintura y Dalí, elevarlo a algo sublime. Francisco de Asís deseaba que Dios fuera conocido y amado; que se viera a la naturaleza como una hermana dulce y buena. Francisco Javier quería que Cristo fuera conocido en Oriente. Juana de Arco aspiraba que Francia, con el poder de Dios, fuera liberada de las garras de sus enemigos. Martín de Porres anhelaba que Jesús fuera conocido por los humildes.
La motivación es consecuencia de haber descubierto un gran ideal y dejar que ese ideal lo conquiste a uno. Para eso, hay que meditar, profundizar en ese ideal y realizarlo. Vivir un gran ideal supone sacrificio, lucha, acción, renuncia, mucha fe y fidelidad. Thomas Alva Edison para descubrir cómo hacer que la luz brillara en una bombilla, falló más de mil veces en los intentos, hasta que lo consiguió. Y así, otros grandes hombres fracasaron también muchas veces; pero su perseverancia los llevó al triunfo. Algunos, y no pocos, han muerto por sus ideales.