Como en época de antaño, la orilla de los ríos y quebradas de las tierras altas de la provincia de Herrera se convierten en la lavandería de las amas de casas y mujeres en general, quienes desde tempranas horas de la mañana llegan con su platón de ropa en la cabeza, aprovechando la temporada verano.
La señora Cleotilde Gómez de la comunidad de Leones de Las Minas, relató que desde que ella era muy pequeña, su mamá y las vecinas caminaban largas distancias hasta la quebrada más cercana para lavar la ropa, y todos los días bajaban hasta este lugar porque el esposo y los hijos realizaban las faenas en el campo y necesitan la ropa limpia y a tiempo.
Señaló que las mujeres mayores son las encargadas de seleccionar las piedras más apropiadas para lavar, tomando en cuenta que la técnica de lavado en el campo es diferente porque se utiliza un "manduco" para restregar las piezas más fuertes y la laja o piedra plana es la que utilizan como tabla.
Dijo que lo más interesante de este proceso es que pueden hacer este oficio en un ambiente fresco y tranquilo, y generalmente de una forma muy amena porque hay días que se reúnen varias mujeres y mientras lavan aprovechan para compartir experiencias, echar cuentos o simplemente convivir un poco más.
Relató que en la temporada lluviosa, la situación cambia porque el río está sucio y por lo general tienen que cargar agua hasta sus casas que sacan de los pozos o los ojos de agua para poder hacer este oficio, y manifestó que por eso para la mujer interiorana el verano es muy aprovechado en las quebradas o ríos, porque en esta temporada es más fácil.
De acuerdo a Gómez, lavar en el campo es toda una aventura, porque después de tener la ropa limpia la faena termina con un divertido baño en el río donde todas comparten con alegría haber terminado esta tarea satisfactoriamente y siempre se abre un espacio para llevar a las niñas de cada familia para que vayan aprendiendo el oficio.
Indicó que cuando le toca lavar, se lleva a sus hijos y en un fogón que han habilitado a la orilla del río, preparan los alimentos, porque la casa les queda muy distante y cuando se disponen a realizar este oficio se van todo el día y no regresan hasta que entra la tarde, por lo que tienden la ropa a la orilla de las cercas para llevársela seca.