CUARTILLAS
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Milciades A. Ortiz Jr
Varias personas me han pedido
que repita lo que he dicho hace meses sobre las encuestas de opinión
pública. Al parecer estas encuestas influyen en algunos a la hora
de votar, y por eso han cobrado mucha importancia en las elecciones.
Como sociólogo debo reconocer que una encuesta de opinión
bien hecha, indicará la manera de pensar de una población.
Insisto: bien hecha, porque hay muchas maneras de manipular una encuesta.
La encuesta puede dañarse desde la misma forma cómo se
hagan las preguntas. A los que nos enseñaron sobre estas mediciones
de opiniones, se insistió en que las preguntas no deben sugerir la
respuesta. Si sugieren, entonces toda la encuesta está manipulada
y no es científica.
Por ejemplo: no es lo mismo preguntar por quién votará
Ud. para presidente en las elecciones, a decir: ¿votará Ud.
por Fulano de Tal para presidente ?
También podría hacerse una pregunta capciosa, al señalar
que: "¿Está Ud. de acuerdo con que una mujer pueda ser
presidente de Panamá?. "-Se ve a leguas que esa "inocente"
pregunta encierra captar posibles votos hacia la candidata mujer en estas
elecciones.
(Podría hacerse otra pregunta en esta onda: ¿Cree Ud.
que los presidentes deben se varones?).
Pero no solamente en la forma cómo se hace una pregunta puede
haber error al realizar una encuesta. Tal vez lo más importante para
una encuesta exacta, es que la "muestra sea representativa".
Muestra es una parte de un todo (población), que tiene las mismas
condiciones y características del Universo (o sea, de la totalidad
de la población). Cuando en E.U. y Panamá se entrevistan a
poco más de mil doscientas personas, ellas deben ser iguales a los
millones que viven en Estados Unidos, o al millón setecientos mil
panameños con derecho a votar.
Si no es igual (representativa), no servirá esa muestra. Así
que el asunto no es de cantidad de personas entrevistadas, sino que ellas
(la muestra), sean iguales al total de individuos que hay.
Mil doscientas y tantas personas bien seleccionadas, pueden dar una
idea de lo que piensan millones de individuos. Sin embargo, no es fácil
lograr que la muestra represente a la totalidad, porque hay muchas variables
(y diferencias) entre ellos.
Vemos así el sexo, lugar de residencia, nivel de ingreso, años
de estudios, situación económica, edad, acceso a los medios
de comunicación, experiencia política en votaciones anteriores,
etc.
Si el investigador ha hecho bien sus preguntas y consiguió una
muestra que represente al total de las personas, todavía no hay seguridad
de que la encuesta sea buena. Los encuestadores pueden hacer mal las preguntas,
ir vestidos en forma inadecuada, o atemorizar a quien pregunten.
Finalmente, viene el proceso de contar y analizar los resultados.
Contar se puede hacer sin mayores problemas con computadoras rápidas.
La interpretación es algo más delicado, sobre todo si las
cifras son parecidas en los resultados.
También hay que tomar en cuenta las circunstancias en que se
hace una encuesta. Algunos hechos del momento pueden influír en la
forma de pensar de una persona, quien podrá cambiar mañana
o pasado ante otros acontecimientos.
Ya ven, estimados lectores, que eso de las encuestas es algo muy serio
y técnico. Y nunca se podrá decir que cien por ciento son
correctas, o reflejan el pensar de un pueblo. A veces la gente miente al
contestar encuestas: por miedo, no querer que conozcan su pensamiento y
otras razones.
De todos modos, la mejor encuesta es la misma votación. A no
dudar servirá para señalar qué empresa de opinión
falló y cuál fue la que más cerca estuvo de los resultados
electorales.

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