Miércoles 24 de marzo de 1999

 








 

 


EDITORIAL
Retorno de la "Internacional de Espadas"

Las décadas del cincuenta y sesenta se caracterizaron en Latinoamérica por la presencia triunfal; dominante; de los militares que de hecho, con violencia desatada, asumieron la cúspide del poder, imponiendo un modelo represor que contó con la anuencia, aprobación y respaldos de la metrópoli norteamericana que entendía los "gobiernos fuertes", como la muralla para contener el avance del socialismo y el comunismo en la Guerra Fría.

La interrelación castrense con sus asientos ideológicos recibió en el léxico popular la identificación de "Internacional de Espadas", con lo cual realzaron los entendimientos represores y las colaboraciones que se rendían recíprocamente tales regímenes de foete y fusil, repartiendo antidemocracia, y atropello en la América Morena.

Un interregno de apertura democrática, de vigencia de los derechos políticos, cívicos y humanos permitió el retorno triunfal de las legitimidades en los mandos de esas naciones, y una tras otra, las unicracias desorbitadas cayeron de sus pedestales, permitiendo la floración del respeto a las ideas y la vigencia del estado de derecho, dejando en el olvido a los sátrapas Stroessner, Videla, Arce, Velasco Alvarado, Pérez Jiménez, Somoza, Beby "Doc" Duvalier y otros nefastos gobernantes, aplastadores de pueblos.

Ahora, nuevos aires de fronda castrense recorren América Latina: en Venezuela, en paradójico proceso electoral, la fórmula presidencial del golpista Coronel Hugo Chávez, logra el triunfo comicial y designa militares en múltiples cargos de importancia ministerial. De igual manera, en Chile, ante la realidad enjuiciadora del tirano Augusto Pinochet, por autoridades españolas, los castrenses reclaman los comportamientos oficiales del régimen de Eduardo Frei ajustados a los criterios de las fuerzas armadas.

En Paraguay un prominente miembro del Partido Colorado, tolda actualmente en el mando presidencial, quien titulaba la condición de Vicepresidente, Luis María Agaña, fue asesinado, de múltiples balazos, en acción dirigida por diestros uniformados, que lanzaron granadas explosivas para consumar el crimen.

La muerte de Magaña ocurre en momentos en que se promueve un juicio político contra el mandatario Raúl Cubas, quien desobedeció dictados de la Suprema Corte de Justicia, al ordenar la libertad del General Lino César Oviedo, condenado a diez años de prisión por intentar derrocar el gobierno anterior, de Carlos Wasmossy, cuyo impulsador en el Parlamento era el fallecido político paraguayo asesinado.

La muerte de Magaña apunta directamente a los castrenses y confirma el retorno de los espadones, que en distintos países, y en circunstancias parecidas, levantan cabeza y amenazan con reconstruir el reino del atropello y la indignidad que llenara de luto y dolor el decurrir latinoamericano en el pasado.

 

 

 

 



 

AYER GRAFICO
Horacio Castro, un violinista folclórico del Chupaíto de Macaracas


CREO SER UN BUEN CIUDADANO
Sin embargo, no aplico bien operativos del tránsito


OPINIONES




 

 

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