EDITORIAL
Retorno de la "Internacional de Espadas"
Las décadas del cincuenta
y sesenta se caracterizaron en Latinoamérica por la presencia triunfal;
dominante; de los militares que de hecho, con violencia desatada, asumieron
la cúspide del poder, imponiendo un modelo represor que contó
con la anuencia, aprobación y respaldos de la metrópoli norteamericana
que entendía los "gobiernos fuertes", como la muralla para
contener el avance del socialismo y el comunismo en la Guerra Fría.
La interrelación castrense con sus asientos ideológicos
recibió en el léxico popular la identificación de "Internacional
de Espadas", con lo cual realzaron los entendimientos represores y
las colaboraciones que se rendían recíprocamente tales regímenes
de foete y fusil, repartiendo antidemocracia, y atropello en la América
Morena.
Un interregno de apertura democrática, de vigencia de los derechos
políticos, cívicos y humanos permitió el retorno triunfal
de las legitimidades en los mandos de esas naciones, y una tras otra, las
unicracias desorbitadas cayeron de sus pedestales, permitiendo la floración
del respeto a las ideas y la vigencia del estado de derecho, dejando en
el olvido a los sátrapas Stroessner, Videla, Arce, Velasco Alvarado,
Pérez Jiménez, Somoza, Beby "Doc" Duvalier y otros
nefastos gobernantes, aplastadores de pueblos.
Ahora, nuevos aires de fronda castrense recorren América Latina:
en Venezuela, en paradójico proceso electoral, la fórmula
presidencial del golpista Coronel Hugo Chávez, logra el triunfo comicial
y designa militares en múltiples cargos de importancia ministerial.
De igual manera, en Chile, ante la realidad enjuiciadora del tirano Augusto
Pinochet, por autoridades españolas, los castrenses reclaman los
comportamientos oficiales del régimen de Eduardo Frei ajustados a
los criterios de las fuerzas armadas.
En Paraguay un prominente miembro del Partido Colorado, tolda actualmente
en el mando presidencial, quien titulaba la condición de Vicepresidente,
Luis María Agaña, fue asesinado, de múltiples balazos,
en acción dirigida por diestros uniformados, que lanzaron granadas
explosivas para consumar el crimen.
La muerte de Magaña ocurre en momentos en que se promueve un
juicio político contra el mandatario Raúl Cubas, quien desobedeció
dictados de la Suprema Corte de Justicia, al ordenar la libertad del General
Lino César Oviedo, condenado a diez años de prisión
por intentar derrocar el gobierno anterior, de Carlos Wasmossy, cuyo impulsador
en el Parlamento era el fallecido político paraguayo asesinado.
La muerte de Magaña apunta directamente a los castrenses y confirma
el retorno de los espadones, que en distintos países, y en circunstancias
parecidas, levantan cabeza y amenazan con reconstruir el reino del atropello
y la indignidad que llenara de luto y dolor el decurrir latinoamericano
en el pasado.


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| AYER GRAFICO |
| Horacio Castro, un violinista folclórico del Chupaíto de Macaracas |


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