EDITORIAL
Inquietantes acusaciones guerrilleras
Colombia vive más
de cinco décadas de guerras irregulares, donde grupos violentistas
organizados en frentes de combate realizan operativos que llenan de muerte,
luto y dolor las áreas fronterizas con Panamá y cuyos efectos
se materializan en Darién cuando refugiados huyen de la tragedia
e incursionan en nuestro país en búsqueda de refugio, paz
y tranquilidad.
El territorio panameño, para los frentes de la FARC y el ELN,
constituye un santuario dadas las ventajas que su imparcialidad y tolerancia
aporta a las acciones violentistas que se ejecutan en fronteras de Colombia;
en tal sentido, los irregulares no quebrantan la vida nacional; sin embargo,
organizaciones antiguerrilleras que enfrentan a los alzados persiguen los
disidentes de aquellas toldas rebeldes y en ocasiones los ejecutan o retienen
en tierra panameña.
Ahora, un disidente guerrillero capturado en Colombia afirma que existe
connivencia, entendimientos protectivos y colaboracionistas de miembros
de las fuerzas policiales panameñas con aquellas actividades guerrilleras;
afirmación que levanta ácida suspicacia, y lleva a temores
crecientes, que reclaman prontas y diáfanas aclaraciones.
De aceptarse como cierto el dicho del disidente estaría Panamá
en la perspectiva de involucrarse en un conflicto cuyas raíces y
amplitud resulta asfixiante para la vida colombiana, y trasladaría
a nuestra tierra controversias de orden social y político que no
son de nuestra incumbencia.
Colombia ha sufrido vejámenes graves por parte de los irregulares;
en tal derrotero la periodista Olga Behar publicó un documento demoledor,
con el título de "Las Guerras de la Paz", en el cual relata
interioridades de más de tres décadas de combates y acciones
ilegales donde las instancias militares regulares de ese país resultaron
incapaces de aplastar la disidencia armada.
De carecer de veracidad el afirmativo divulgado corresponde a las autoridades
nacionales esclarecer sin dilación, con amplias informaciones y certeras
puntualizaciones el infundio, para así allegar tranquilidad y sosiego
al seno panameño.
Los movimientos violentistas se alimentan de las carencias y urgencias
sociales; sus triunfos funcionan a manera de reforzamiento del camino ilegal,
por lo cual conviene recordar que un país inmerso en las luchas fraticidas,
sufre rigores que destruyen las bases institucionales y solidarias, y se
encamina por senderos de crueldad, ignominia y desasociego que aplastan
la construcción armoniosa, tolerante, de la vida colectiva; por tales
razones, se impone en Panamá afirmar democracia; profundizar solidarias
medidas a favor de los aplastados del infortunio; acciones que permitan
forjar la unidad nacional monolítica frente al peligro armado y esparcir
luces sobre tal riesgo, para así conjurar el peligro.


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