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  OPINIÓN

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Milcíades Ortíz | Catedrático

Al principio pensé que era exceso de trabajo. Luego cuando las vitaminas no sirvieron comencé a preocuparme. Resulté que estaba sin energía. Cada día que pasaba sentía que la vida se me iba del cuerpo.

Ya no eran los bostezos a media mañana. Tampoco servía el dormir ocho horas para no "cabecear" a plena tarde.

Entonces pensé en lo peor. Algo muy malo debía tener dentro del cuerpo que me comía mis energías.

Claro que el fantasma del cáncer apareció en mi mente. Y sentí miedo. No podía creer que con menos de cuarenta años sufriría de ese terrible mal.

Así que decidí ir al médico. Trabaja en esa época como Asesor en Sociología en el Ministerio de Salud. El colega médico me preguntó si iba con frecuencia al campo.

Casi todas las semanas había alguna visita a un rincón del país para promover la "salud comunitaria".

Me examinó los ojos y con una sonrisa me dijo que no tenía nada malo. ¡Sencillamente estaba lleno de parásitos!

Había adquirido esos bichitos en el campo y ellos se comían mis alimentos dejándome sin energía.

Suspiré aliviado. El médico me dijo que entre los campesinos eran frecuentes esas infecciones masivas de parásitos

Por eso a veces se veía a los interioranos sin ganas de trabajar, como si fueran flojos, dormitados a cada momento.

Comprendí que a veces yo mismo había pensado que el campesino era una persona haragana, sin ganas de trabajar y mejorar sus condiciones de vida.

Tuve que vivir en carne propia el ataque de parásitos, para comprender la falta de energía de algunos campesinos.

Todo se solucionó con un poderoso purgante. Lo malo con los campesinos es que aunque se purguen, pronto volverán a infectarse por la falta de higiene.

Pienso en eso que me ocurrió hace años, cuando veo a algunos funcionarios que trabajan poco, o sencillamente no laboran bien.

Y para justificar lo que no tiene perdón de Dios, pienso que a lo mejor habría que darle fuertes purgantes a algunos diputados, ministros y otros funcionarios del gobierno, para que trabajen con entusiasmo.

Así que el Ministerio de Salud tiene otra importante labor que realizar. ¡Y aceite de ricino o sen con coco con los perezosos y flojos funcionarios!



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