A ORILLAS DEL RIO LA VILLA
Un poeta popular
Santos Herrera
El pueblo siempre ha sido
el mejor músico, el mejor poeta, el mejor artista, en fin, el más
grande de los creadores. Su inteligencia innata le permite ir creando bellezas,
que paulatinamente se van desarrollando en manifestaciones artísticas,
que espíritus superiores, elaboran con exquisita sensibilidad, hasta
convertirlas en magníficas expresiones de las bellas artes. Gente
sencilla, sin mucha cultura y sin oropeles, cultivan con ingenio y gracia,
diversas actividades que demuestran un inconmensurable mundo interno, en
el cual prevalece lo grande y hermoso.
Monagrillo, cuna de compositores, artistas y de personas muy ocurrentes,
en todas las épocas ha contado con poetas populares, en ocasiones
hasta analfabetas, que con su creatividad han transmitido en décimas,
algunos acontecimientos, que aunque parezcan intrascendentes, se recuerdan
por lo pícaro y chistoso. Es decir, el poeta narra el hecho simple
que sucedió en un determinado momento en el tranquilo pueblo, pero
que fue muy comentado por las repercusiones que tuvo con las personas involucradas
en el mismo.
En esta oportunidad, queremos exaltar a ese gran improvisador monagrillero
que todos conocemos como Pelón Hurtado; hombre tranquilo, que vive
con humildad, hace con sus manos bateas, cabo de hacha, cacha de cuchillos
y toda clase de carpintería, porque construye hasta casas de madera
redonda. Sus ojos vivaces reflejan una eterna y pícara sonrisa. Parrandero
y jocoso, es invitado a las mesas en las cantinas donde los parroquianos
le brindan trago para que les improvise. Su inteligencia le permite pasar
horas enteras tomando aguardiente, y sin callarse no deja de hablar en versos.
Su conversación la mantiene en décimas, pues le improvisa
a los componentes de la parranda, a quienes hace resaltar sus virtudes,
pero también les señala sus defectos, sean estos de carácter
físico o moral. Es un especialista en el arte de la chacotería,
puesto que la maneja con maestría y gracia.
Todavía hoy en Monagrillo se cantan y se recitan aquellos versos
que improvisó a finales de la década del cuarenta, cuando
siendo corregidor el conocido cantador de décimas José Mendieta,
mandó al policía Maximino Pérez a capturar a unos chingueros.
Resulta que todos los días, se reunían en una casa apartada,
que para llegar a ella había que transitar por estrecho callejón,
un grupo numeroso de hombres a chiguear con barajas, un juego denominado
coco. Esta actitud, provocaba continuos comentarios en el pueblo, principalmente
entre las esposas de los jugadores, que con justa razón se quejaban
de que ese juego ilícito afectaba la economía hogareña,
porque el responsable de la familia no trabajaba por estar chingueando.
Además, del mal ejemplo, la primera autoridad del corregimiento consideraba
que tal conducta era una ofensa a la comunidad de Monagrillo, que para ese
entonces ya había logrado una fama de pueblo progresista y trabajador.

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| AYER GRAFICO |
| La Plaza de Toros de Parita, una de las pocas con esa característica |


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