La vida de la morena Práxedes Ibargüen, desde el miércoles pasado ya no es la misma. Ella vio desaparecer a ocho de las 11 víctimas del naufragio de la embarcación que llevaba su nombre, La Práxedes, ocurrido en Punta Caracoles, en la provincia de Darién.
Cada vez que cierra los ojos le vienen a la mente tal si fuera una fotografía- los ocupantes de La Práxedes en medio del mar enfurecido y luego como éste se iba tragando a varios jóvenes y niños a los que Ibargüen vio crecer en el pueblo de Jaqué. Tumbada en un colchón de su humilde residencia, con la voz quebrantada por el llanto y los ojos rojos de tanto llorar, relató la odisea de cinco horas en el mar.
Siempre recé el Salmo 91, el que clama la protección divina en medio de los peligros y nadaba con fe de que todos se salvarían, pero pronto afrontaría la multiplicada pena de ser testigo de la muerte de gente conocida.
Denis, Jorge, José y Edilma fueron los primeros en desaparecer de su vista. Al narrar esto, Práxedes hizo una pausa y los ojos se inundaron de lágrimas cuando recordó las desgarradoras palabras de la refugiada colombiana Hulda Arboleda: "Se me ahogaron mis dos hijos, se me ahogaron mis dos hijos".
Eran los niños Kiara y Johnny Panezo, El Negro, de 5 años. Momentos después de esta exclamación, Nilka Pulgarín, de 13 años, hija adoptiva de Arboleda, también murió.
Poco después, apareció una lancha que salvó de morir a Arboleda, a Práxedes y a su esposo Luis Hinestroza.