El informe remitido por la Casa Blanca al Congreso en torno a la cooperación mundial en la lucha contra el narcotráfico, confirma lo que se siempre se ha dicho: Panamá sigue siendo un punto importante para el tránsito de drogas y el blanqueo de dinero.
Por su posición geográfica, cercanía a países productores de cocaína, centro bancario internacional y la principal zona comercial del hemisferio, la nación panameña sigue siendo utilizada como trampolín de los carteles del narcotráfico.
Sin embargo, Washington reconoce que las autoridades panameñas como la Policía, la Fiscalía de Drogas, PTJ, así como los Servicios Aéreos y Marítimos, brindan una excelente colaboración a las agencias estadounidenses, sobre todo la DEA.
El año pasado, las agencias panameñas lograron decomisos récord de cocaína, marihuana y heroína. Eso revela que hay una mayor vigilancia, pero también pone de manifiesto, que debe existir un mayor tráfico de narcóticos por tierra, aire y carretera.
Además el documento pone de manifiesto que la lucha antidrogas en Panamá tiene como su principal enemigo las limitaciones presupuestarias, sobre todo para el Servicio Marítimo y Aéreo, que tienen problemas con el suministro de combustible para sus embarcaciones y aviones.
Hay una realidad, Panamá tendrá que vivir con el problema que representa el narcotráfico y por ende no puede descuidar las labores de represión de ese delito, de lo contrario el país se convertiría en un santuario para los carteles.
Por eso es importante mantener funcionarios con alto profesionalismo y capaces de soportar cualquier tentación, para mantener una lucha sostenida contra ese flagelo que destruye a la sociedad.