Somos unos mentirosos de primera. ¿Por qué? Bueno, primero porque de los 365 días al año nunca le dedicamos la misma cantidad de horas de seguido y con ese fevor que se lo dedicamos al diablo durante el carnaval. ¿Alguna vez ha tomado cuatro días para adorar a Dios? No verdad, la realidad es que ni una hora continua al día nos dedicamos a hablar con Él. ¿Por qué será?
Sin caer en religiosidad, la respuesta está en el corazón de cada uno de nosotros. Nos creemos seres sin necesidad de un Dios que guíe nuestras vidas, al menos es lo que muchos piensan.
Hay otra clase de personas que durante el año hacen todo tipo de demencia (queman a su mujer, se emborrachan como cholos, consumen drogas, irrespetan a sus padres, participan en fiestas del diablo, codician la mujer de su prójimo, roban, hurtan, se acuestan con personas de su mismo sexo, etc...) para después salir a la iglesia a buscar la señal que supuestamente los va a salvar.
No seamos como los fariseos a quienes Jesús llamó sepulcros blanqueados, pues por fuera están muy limpios, pero por dentro llevan a un muerto podrido, lo que quiere decir que muchos pretendemos figurar de santos como fachada, pero en nuestra vida hay muchos pecados que nos alejan de la gloria de Dios.
¿Por qué buscar ahora a Dios en Cuaresma? Esto se ha convertido en en efecto espiral que se repite de año en año. Dios reclama de nosotros todos los días aunque sea un minuto de comunión, pero se siente muy triste de que tradicionalmente recurramos a Él, supuestamente para convertirnos hasta que nuevamente somos acariciados por el pecado.
Dios solo quiere escuchar de sus labios lo siguiente: "Señor, perdóname. He pecado contra tí. Te pido por favor que llenes mi vida para ser una nueva criatura en tí. No quiero quemar más a mi mujer, no quiero fornicar más. Quiero servirte con toda mi alma. Te pido esto en el nombre de tu hijos Jesús. Amén".