En torno al pasado carnaval capitalino se ha tejido toda una ola de bochinches y acusaciones, cuando lo pertinente es presentar un informe detallado de los gastos y preparar con anticipación la organización de esa fiesta, que aunque reciba muchos cuestionamientos, es una especie de escape para los ciudadanos y forma parte de nuestra cultural.
Todo lo sucedido revela que un evento de tal magnitud no se puede improvisar y que de una u otra manera el Estado debe participar. Una organización privada que no cuente con el respaldo de las diversas instituciones, sobre todo en materia de seguridad, no puede garantizar el éxito de un carnaval.
Sin duda que se puede realizar una baile o culecos en un área privada, pero controlar a esa gran masa que concentra a lo largo de la vía España, no es tarea que pueda realizar por si sola una empresa o fundación privada.
Hay que ser realista, aún con el apoyo del Gobierno, la Junta de Carnaval no pudo cubrir sus gastos y todavía hay facturas por pagar. Pueden existir miles de ideas para mejorar la fiesta de Momo, pero si no hay recursos, los planes serán como castillos de arena.
La situación también ha demostrado que con una cifra que no supere el millón de dólares se pueden organizar unos buenos carnavales. También hay que pensar en que la futura Junta de Carnaval debe generar sus propios recursos y no se limite sólo a los aportes que hagan el Estado o la empresa privada. En unos culecos con artistas del momento y comodidades para los asistentes, muy bien se puede cobrar una cifra módica para su ingreso.
Lo que si es cierto que los involucrados en el pasado carnaval capitalino ya deben presentar las cifras y se dejen de tanto cuento.