Yo soy el pan de vida. El maná bajado del cielo, para que el que come de él no muera.
Seminarista Carlos Chavarría: ¡Oh Jesús, amable Redentor nuestro, que has venido a iluminar al mundo con tu doctrina y ejemplos, y quisiste pasar la mayor parte de tu vida, humilde y sumiso a María, tu madre, y a José tu padre, en la pobreza de tu casa en Nazaret, santificando a aquella familia destinada a ser ejemplo de las familias cristianas. Acoge, amigo mío, bondadosamente a mi familia que ahora se dedica y consagra especialmente a ti. Me uno a la cruzada de oración permanente por la justificación de la familia religiosa: obispos, laicos, sacristanes, sacerdotes y religiosos.
Oh, mi Dios Padre, protégenos y establece en nuestras almas el Santo temor de Dios. Que entre nosotros reine siempre la paz y la concordia de la caridad humana de manera que teniendo como modelo la Sagrada Familia sacerdotal permanezcamos siempre y a tu merced Dios del mundo, Dios misericordioso, Dios piadoso. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, tú que con corazón materno desatas los nudos que entorpecen nuestra vida, te pedimos que recibas en tus manos a tu fiel y leal cristiano Carlos Chavarría y que lo libres siempre de las ataduras y confusiones que mortifican y enferman su alma adherida a tu sacrificio y profundo amor.
Al conocer la vida de Don Bosco acumulé sus bellas ideas: El consejo es uno de los siete dones del Espíritu Santo y todos necesitamos de Él. Si digo que la Iglesia es casa de Dios y no conversar dentro de ella, no es regaño, es un sermoncito cariñoso. No hay mejor cuña que la de la misma madera. Cómo me gustaría penetrar en tu vida. ¿Por curiosidad? No, por amor profundo a Dios y por justificación a nuestros defectos. He comprendido que el consejo no es regaño, si no el éxito para lograr la condición moral religiosa y adecuada para rendir tributo a Dios, con toda fe y amor.