La obsesión de hurgarse las narices delante de la gente, mi abuela me la quitó desde muy temprano, provocando en mí un gran temor. -"Un día de estos cuando estés entretenido con los dedos en las narices, alguien te va empujar la mano y verás que el dedo te va a traspasar los sesos"-.
La obsesión que persiste en nuestro pueblo, con la esperanza que este gobierno se componga en los cuatro años que le faltan, es peor que la de hurgarse las narices en público.
Muy pocos mandatarios cumplen con las promesas con que enamoran al gentío que sobrevive en el rango del 49 % de pobreza a lo largo y ancho del país. Mi gran temor es que llegue el día en que el pueblo no crea más en ningún proselitista del clientelismo político y entonces reaparezca en el firmamento istmeño un Hugo o un Evo.
Los temores de una variación en nuestro inconmensurable mar de conformidad histórico, son amainados según algunos entendidos en la materia, porque aducen que aún somos muy poquitos en Panamá y que con la riqueza que se genera entre nuestras fronteras, se puede mantener a la masa lo suficientemente ignorante como para continuar gobernando a base de saliva, propaganda y clientelismo.
Otro de los temores más grandes, nace por la forma en que estamos dejando crecer a nuestra juventud. Ya nadie quiere ser ni ¡comunista!. Haga una prueba rápida y verá que entre los "pelaos" el que no es hincha del Real Madrid, lo es del Barsa, los Spurs o del equipo donde juega Shaquille. La obsesión por pendejadas aumenta cada día más en este país.
La obsesión actual de la despistada juventud, es la de ser miembro del Cuerpo Diplomático . La cantidad de plata que ganan los diplomáticos panameños, es motivo suficiente para que 18, 000 funcionarios pobres, alcen el cuello para comparar sus platos de comida vacíos con las cacerolas repletas de esos agraciados.