La estadounidense Serena Williams se declaró un ser insaciable de victorias, tras ganar ayer su octavo Grand Slam y su tercer Abierto de Australia.
"Sabía lo que quería hacer, porque soy insaciable", dijo Serena tras humillar a la rusa Maria Sharapova (6-1 y 6-2). "Creo que todavía hay cosas que incluso puedo hacer mejor, y estaba segura de lo que deseaba hacer cuando salí ahí afuera".
Con un vestido blanco, el pelo suelto y portando su teléfono móvil en una mano y en la otra un emparedado, Serena comenzó su discurso con la copa de campeona al lado.
Luego señaló que este triunfo había que colocarlo por encima del resto. "Nunca esperaba perder, porque siempre me mantengo positiva. Esta mañana me levanté y me sentí diferente a cuando gané en Wimbledon. Muy feliz, con mucha confianza, sin nervios", aseguró. "He tenido ampollas, he estado enferma, tuve diarrea y alcancé la final, así que me desperté hoy sabiendo que cualquiera que fuera el resultado estaría feliz", dijo.