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El confuso incidente ocurrido el pasado sábado 18 de enero en la comunidad indígena de Paya, Darién, ha demostrado la completa ineptitud de los servicios de seguridad panameños. No se sabe cuál es el secretismo de las autoridades por ocultar algo que es una cruel realidad: de que los insurgentes colombianos, tanto de derecha como de izquierda, son los amos y señores de la selva fronteriza con el país sudamericano.No puede ser, que los paramilitares y guerrilleros colombianos vengan a Panamá y entren como “Pedro por su casa”, haciendo de las suyas y atracando a los lugareños. Cuatro indígenas murieron en la refriega, siendo víctimas de la intransigencia policial a un extraño repliegue dizque porque los habitantes de la frontera fueron preparados para defenderse al modo del absurdo programa de “vecinos vigilantes” (como si los bandoleros sudamericanos vinieran a robar a nuestro país con pistolitas y biombos, sabiendo todo el mundo que están más armados que un equipo comando).
El aparente secuestro (o retención) de ciudadanos estadounidenses y de un canadiense, también comprueba otra situación: muchos extranjeros que vienen al istmo a pasar vacaciones y hacer turismo, corren el riesgo de ser objeto de raptos por desconocidos, sin que nuestras autoridades puedan hacer algo sensato, en el caso de esfumarse un foráneo, en territorio nacional, a manos de los insurgentes.
Los incidentes similares con insurgentes colombianos en las otras fronteras de ese país, a saber Venezuela, Ecuador, Brasil y Perú, han sido controlados debido a la permanente presencia y constante patrullaje de unidades élite militares en los límites. Acá nos hemos descuidado, pues no hay recursos para enfrentar a la marejada de elementos armados que cruzan la selva y utilizan el Darién para reorganizarse.
Pues claro, también el caso del asalto en Paya hubiera costado, al menos, la renuncia del ministro de Gobierno y Justicia, del jefe de la Policía Nacional y de los demás directivos de la seguridad pública, ante la vergüenza que pasaron los policías ante la desprotección a los civiles istmeños.
Cada vez estamos más de acuerdo con el planteamiento solicitado por el legislador kuna, Enrique Garrido, el cual advierte que es necesario colocar Cascos Azules de las Naciones Unidas, apertrechados y con derecho a la defensa en caso de amenaza, para proteger nuestra frontera, además de atender a los miles de refugiados colombianos que pueden llegan al lado panameño.
Por supuesto, no respaldamos la presencia de efectivos armados de otros países, como en tiempos pasados, pero creemos necesario que nuestra Policía Nacional tenga mejor preparación, mejores jefes y liderazgo, además de mejores equipos, para lidiar con la amenaza guerrillera o paramilitar. |