FAMILIA


¿Es tu hijo un niño sensitivo?

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Mundohogar.com

No todos los niños tienen la misma fortaleza de espíritu. Incluso, entre hermanos con poca diferencia de edad sus reacciones son completamente distintas. Estos niños suelen tener una personalidad retraída y desconfían de las personas externas a su círculo familiar.

El hecho de ser más sensible no significa un menoscabo de la inteligencia del pequeño. Simplemente su grado de reacción es mayor que el de otro tipo de niños.

La sensibilidad es una parte del temperamento de los niños y hay que ayudarles a vivir con ella sin lastimarse a cada paso, ni bloquear su percepción ni su intuición.

Normalmente, esta situación crea un sentido de frustración a los padres, que desarrollan un hiperproteccionismo hacia el hijo.

Para Janet Poland y Judy Graig, psicólogas y editoras de la revista pedagógica Magical Years, la sensibilidad es una parte del temperamento de los niños; pero se les puede ayudar a vivir con ella.

MAYOR PERCEPCION

El niño sensible no se muestra abiertamente desobediente. Suele tratarse de niños dóciles y fáciles de manejar hasta la adolescencia. A diferencia de los que tienden a la rebeldía, no le gustan los conflictos y prefiere cooperar que competir.

Suele ser retraído hacia las personas o situaciones que le son desconocidas pero, cuando se presenta la oportunidad, habla libremente acerca de sus emociones y sentimientos y le agrada la sinceridad.

El niño sensible es mucho más perceptivo de lo habitual. Es muy observador, no se le escapa nada a su atención y se fija mucho en cómo reacciona la gente ante él. En sus reflexiones concede demasiada importancia a hechos como las expresiones o el tono de voz. Esto provoca que su idea de cómo lo perciben los demás sea equivocada.

Los pequeños que presentan estos rasgos de personalidad son muy sumisos, no suelen presentar ningún problema, pero son incapaces de expresar verbalmente sus emociones. Por ello, algunas veces sus reacciones son inusuales: lloran porque no quieren jugar, insultan o se niegan a hablar o a obedecer a los padres en un momento dado.

En realidad, lo que pretenden es que los adultos descifren que algo les está pasando. En definitiva, exteriorizan su malestar por medio de conductas inadecuadas.

ELUDIR LA REALIDAD

El niño sensible intenta en muchas ocasiones eludir la realidad o no enfrentarse a ella. Por muy difícil que sea, debe enfrentarse a los contratiempos. Los adultos no deben caer en la tentación de protegerle de los posibles peligros. Esta situación terminaría siendo contraproducente a la larga y poco beneficiosa para él.

Es importante saber que a este tipo de niño le tranquiliza que le escuchen. Mediante el diálogo se le puede ir orientando y haciéndole ver que necesita aprender de sus propios errores. Nunca se debe tomar las decisiones por él. Hay que considerar su punto de vista, aunque éste no coincida con el de los padres. Es necesario estimular su curiosidad por descubrir cosas nuevas, procurando guiarle sin forzar su personalidad.

LA LLEGADA DE LA ADOLESCENCIA

Al no saber exteriorizar sus emociones, el niño sensible puede padecer un bloqueo que puede repercutir negativamente en su pubertad y adolescencia. Si en su niñez tiende a ocultar sus sentimientos hacia los demás, en la adolescencia, cuando se atreve o intenta expersarlos, el haberlos mantenido ocultos le deprime.

Conforme un niño sensible crece, aumentan sus manifestaciones emocionales y cuando llegan a adolescentes no es que sufran un cambio de personalidad, sino que tratan de quitarse la carga emocional acumulada durante años intentando alcanzar una especie de paz interior.

EMOCION A FLOR DE PIEL

Entre las manifestaciones de un adolescente sensible están: el acusar falsamente a los demás, cifrar esperanzas en otros, tener estallidos emocionales inesperados o mostrar signos de insatisfacción. También, durante la etapa de la adolescencia, puede presentar tendencias a la depresión, así como el rechazar intentos de apoyo y estímulo, volverse una persona rencorosa.

La mejor manera de ayudar a estos niños con su gran carga de emotividad es el favorecer su capacidad de expresión de las emociones y la autonomía frente a los demás. Estos pequeños suelen ser dependientes, ya que la gente les proporciona un sentido de seguridad. Si se les fomenta este sentido de protección les será más difícil independizarse de su entorno.

 

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