Los miembros de la Fuerza Pública deben entender que no pueden abusar en el ejercicio de sus funciones. Lo sucedido en la cárcel de La Joya, cuando un grupo de policías les entró a golpes a 20 detenidos, en plena madrugada, no debe repetirse.
Si bien es cierto que los presos no son angelitos, ellos al igual que el resto de la población tienen derechos que deben ser respetados. No es posible que se irrumpa en un pabellón para entrarle a tolete a un grupo de reclusos.
Todos recordamos los abusos que se daban en las cárceles durante la dictadura y luego en democracia observamos como un grupo de detenidos eran desnudados en el patio de la cárcel Modelo y golpeados por los uniformados.
Los agentes del orden público deben asimilar que deben respetar los derechos humanos, incluso de los reclusos. Así mismo, los altos cargos de la Policía Nacional y de los otros estamentos de la Fuerza Pública, deben enviarle un mensaje claro a sus subalternos en torno al respeto de los ciudadanos.
Una efectiva labor de vigilancia, prevención de los delitos y la protección de los bienes de los asociados, se puede llevar a cabo sin abusar de las funciones y del poder que les otorga el uniforme.
No es que estamos concediendo ventajas a los delincuentes, pero un profesional de la Fuerza Pública debe tener la capacidad de controlar una situación, sin recurrir al uso excesivo de la fuerza, cuando las condiciones así lo permiten.