La doble moral no sólo se nota al hablar sino en el actuar. Hay panameños que tienen la opción de usar varios tipos de placas permitidos por la Ley y la intercambian al momento en que va a realizar poncheras, o sea, algo indebido.
Pregunto: ¿No ha notado algunas veces que hay autos de diputados, magistrados, representantes de corregimiento y otros ciudadanos que esconden su placa cuando están en lugares como playas, ríos, cantinas, discotecas, sitios de ocasión y hoteles?
El que no la debe, no debe temer que le vean en algún lugar de estos. Claro, si no está con su esposa es lo más probable que esquive la mirada de los demás escodiendo su placa.
Estas personas siempre tienen muy cerca de ellos dos destornilladores: uno estrella y el otro plano, dependiendo del tornillo que usan para apretar sus placas.
Lo peor de los casos es que cuando son detenidos por unidades de la Policía de Tránsito sacan a relucir que son autoridades, pero no se acuerdan cuando están en trampa.
Los dobles discursos siempre existirán por siempre. Las personas no son ellas mismas en todos los momentos de sus vidas. Su verdadero yo sale a relucir cuando están en lugares privados, porque tienen libertad para hacer y deshacer.
La próxima vez que usted vea la placa de alguna autoridad sobre el tablero del auto, siembre la duda de que el hombre anda en vainas raras.
Ojalá que no sea para andar mezclándose con los narcotraficantes. Esperemos que no sea el caso.
El poder tienes sus reglas del juego y ésta parece ser una de ellas porque la mayoría que anda en travesuras esconde su placa. Le tienen miedo a la prensa y al qué dirán, por eso hay autoridades más hábiles aún que compran carros populares para hacer todo este tipo de cosas a escondidas de su pobre familia. Cuidado que tu andas en esa vaina. ¡Pela el ojo!