UNA TUMBA SOLITARIA EN EL CEMENTERIO DE MIAMI
"Tres Patines" murió
sindinero y casi en el olvido
Redacción
Crítica en Línea
Se le encontró cabizbajo
en su silla de director al regresar de una diligencia. Creyó que
era una de sus bromas al hablarle y no recibir respuesta. Pero había
gastado ya su última broma. Leopoldo Fernández, uno de los
más grandes cómicos cubanos, estaba muerto.
Hace apróximadamente 14 años, recuerda su viuda, Vilma
Carbia.
"¡Ay bendito, no lo podía creer! Sin darme cuenta se
me fue el hombre que más feliz me hizo en la vida", recuerda
Carbia, ahogando dos lágrimas con una amplia sonrisa.
Primera figura de la televisión portorriqueña durante los
60 y 70, Carbia rehusa hablar de su propio estrellato. Sólo quiere
recordar a quien considera "el más grande de todos los cómicos"
y el esposo con quien compartió 10 años.
Es obvio que le recuerda con algo más que la memoria. Las paredes
y estanterías del apartamento del sureste de Miami que ambos compartían
están llenas de fotos y trofeos que hablan mayormente de él.
Y a ella se le ilumina la cara al repasar su vida junto al comediante.
Recuerda perfectamente el día de 1974 cuando recibió órdenes
especiales de la gerencia del Canal 11 de televisión en Puerto Rico
mientras coordinaba su show con el actor cómico Luis Antonio Cosme.
"Promociónate a Leopoldo Fernández, que viene de Miami
a trabajar con ustedes", decía una nota. "¡No lo
puedo creer!", fue su inmediata respuesta.
"ME ENAMORE LOCAMENTE"
"Me enamoré locamente de su alma, de su sentir, de su hablar",
afirma ella vehementemente. "La diferencia de edad jamás me
importó" (él tenía 68 años cuando se conocieron).
Carbia ni siquiera se sintió intimidada por la trayectoria romántica
de su futuro marido. Fernández se había casado dos veces.
El primer matrimonio produjo sus dos hijos, Leopoldo y Lenía; del
segundo con Mimi Cal, actriz intérprete de Nananina en "La Tremenda
Corte" de la radio, no hubo hijos. Pero de varias otras uniones nacieron
cinco hijos más que siempre han llevado su apellido.
"Era un hombre muy correcto, que no hablaba nunca de ninguna mujer,
ni para bien ni para mal", aclara ella. "Y como padre, se ocupó
de todos sus hijos hasta morir".
A pesar de haber jurado no casarse más, él no titubeó
en marcarl a fiesta de la Virgen de la Caridad para su boda. Así,
la pareja se prometió amor eterno en Miami ante un juez el 8 de septiembre
de 1975, a las 2 de la tarde, y horas después salió rumbo
a Nueva York junto a toda una compañía con la que debutarían
en la Gran Manzana al día siguiente.
"Entre el café y la cafetera que siempre llevaba en una maleta
cuando viajaba y las bromas de los compañeros, la luna de miel fue
imposible", recuerda ella llena de picardía.
EN UN TAXI EN MEXICO
Ella recuerda cuando montados en un taxi en México, el chofer
pidió permiso para "poner a Tres Patines en la radio".
No fue hasta terminar el recorrido y pagar, cuando Fernández optó
por identificarse como el personaje radial tras los elogios del taxista
al cómico de La Tremenda Corte. Para el que siempre estaba haciendo
chistes, la respuesta del taxista tiene que haber parecido una broma. "No
lo creo", le dijo escétpicamente su fanático.
Pero en realidad era de esperarse, relata Carbia. Su forma de ser en
la vida real no tenía mucho que ver con el Tres Patines de la radio
y la televisión o el Pototo del teatro. "Aunque siempre listo
para un chiste con los que tenía confianza, era un hombre serio con
los desconocidos", cuenta Carbia. "Además, tenía
una dicción perfecta y vestía como el más elegante
de los hombres; para cada color de traje tenía un par de zapatos
en conjunto.
Amante de la mesa criolla, disfrutaba de la cocina casera a diario. "Yo
nunca he cocinado y con nosotros siempre vivió un hijo mío
o de él", explica Carbia. "Pero él era quien llegaba
de la calle a ponerse el delantal y preparar una de sus especialidades,
un Hígado al a italiana o un Sopón de vegetales..."
OPTIMISMO A PESAR DE TODO
También era la ternura hecha abuelo. "Durante tres años
cuidamos a mi nieta Alexandra María cuando mi hija nos la traía
antes de ir a trabajar", dice Carbia. "Tanto la quería
que sólo lo vi salir del apartamento en bata y chinelas el día
que la niña se fue con sus padres para Puerto Rico. La niña
le decía "Abuelo Leo".
¿Posible algún defecto en este ser de carne y hueso? No
para Carbia. "Esto es lo más bello que he conocido en el mundo",
dice ella refiriéndose a él. Mientras lo dice, acaricia la
foto de ambos que cuelga de su llavero. "Sólo ha habido dos
hombres en mi vida, él y mi padre".
Pero esta pasión que 14 años de ausencia no han logrado
apagar "porque nadie va a igualarlo en mi vida"- no es suficiente
para alguien que sigue haciendo reír por toda América sin
jamás haber percibido ninguna regalía por la retrasmisión
de sus programas radiales y televisivos, afirma ella.
"Ni una estrella en la Calle Ocho ni una calle que lleve su nombre",
aclara.
Luego de saldar las deudas del funeral y entierro a través de
cuotas mensuales durante años, es Carbia quien le rinde homenaje
cada vez que visita su tumba. "Cómico genial, esposo sin igual"
reza la lápida sobre su tumba olvidada.
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