Miércoles 17 de febrero de 1999

 








 

 


MENSAJE
Veintiun años dentro de un pozo

Hermano Pablo,
Costa Mesa, California

No quiero mencionar nombres ni lugares, pero el siguiente reportaje procedió de la UPI, es decir, de la prensa internacional.

Durante veintiún años, la persona de este caso vio el cielo en forma redonda. Pasaban los días y las noches, y cada vez que miraba hacia arriba, veía de día un círculo lleno de luz, y de noche uno lleno de estrellas.

Se trata de una señorita que pasó veintiún años de su vida metida dentro de un pozo. Su abuelo la puso allí cuando tenía apenas un año de edad. Ella había quedado huérfana de madre, y el padre había desaparecido. La razón que el abuelo dio fue: "para que no se haga daño."

Por fin salió del pozo, y pudo llegar a ver, en su plenitud, el amplio cielo azul y el mundo variado y policromo que la rodea. Apenas sabía hablar, y sus miembros estaban medio anquilosados; pero había una buena probabilidad de que se recuperara.

Uno se pregunta: ¿Dónde estaban sus demás parientes? ¿Cómo comió y durmió y vivió esta pobre criatura? ¿No había autoridad que pusiera manos en este asunto? Las preguntas corren a torrentes, y quizá nunca sabremos sus respuestas. Pero el caso me hace reflexionar sobre otros encierros.

Hay personas que viven encerradas dentro de un pozo de amarguras. Todo les es negativo. No pueden, ni quieren, salir de su pozo. No tienen esperanza. No tienen fe. Desconfían de todos. Y lo triste de un encierro así es que no sólo es infructuoso sino innecesario. Se puede salir de ese pozo.

Hay también personas que viven en el pozo de la sospecha. Me refiero a celos que nunca han sido justificados. Los casados son, muchas veces, víctimas de esos pozos. Tal vez recibieron un perverso anónimo, o la sospecha brotó porque sí. Pero pasan años y años viviendo en esa desesperación.

Luego está el pozo negro del odio, lleno de alacranes, de escorpiones, de tarántulas, de murciélagos y de víboras venenosas. Esta es la persona que no ama a nadie, que tiene resentimiento contra todo y contra todos. Y el peor odio que tiene es el que se tiene para sí misma.

Y no puedo omitir el peor de los pozos, el pecado. La Biblia lo compara con el lodo cenagoso. Jesucristo desea sacarnos de este y de todos los pozos que empobrecen y empañan nuestra vida. En una humilde y sincera oración, digámosle: &laqno;¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!» (Lucas 18:13).

 

 

 


 

CULTURA
Paul Newman y Joanne Woodward en obra teatral

 

PORTADA | NACIONALES | OPINION | PROVINCIAS | DEPORTES | LATINOAMERICA | COMUNIDAD | REPORTAJES | CRONICA ROJA | EDICIONES ANTERIORES


   Copyright 1995-1999, Derechos Reservados EPASA, Editora Panamá América, S.A.