Redacción
Las cifras de pobreza no parecen importantes para un sector importante de la clase media. Inclusive para los medios de comunicación, muchas veces hablar de la gente que está jodida o no tiene empleo, ingresos para comer o acceso a sistema de salud eficaces y baratos es tema polémico.
Decir que el 40% de los panameños no tiene para comer y vivir decorosamente es frío.
La realidad de la pobreza en las zonas rurales y urbanas, así como en las áreas indígenas es cada vez más dramática.
Una serie de programas sociales impulsados desde 1990 con los gobiernos de Guillermo Endara, Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso y ahora el Presidente Martín Torrijos apuntaron y están destinados ahora a reducir con impacto la extrema pobreza, la pobreza crónica y las causas que generan esta creciente marginación.
Decenas de programas sociales son impulsados por la administración Torrijos para lograr que los niños miembros de familias pobres acudan a los centros escolares, paralelo a un plan de construcción de carreteras, acueductos, centros de salud e infraestructuras públicas, las cuales permitirán de forma permanente y sostenida sacar de la pobreza a miles de panameños.
Hay que prestarle atención a la Red de Oportuidades, a los programas de nutrición escolar, nutrición para adultos y sus familias, huertos escolares, titulación de tierras y becas.
Un político opositor criticaba hace poco que a los pobres se les de dinero para que sus hijos asistan a las escuelas, sin embargo, no propuso ninguna solución.
¿Cómo se combate el hambre en las montañas de Veraguas, Chiriquí, Bocas del Toro o en las junglas urbanas donde el pandillerismo y el narcotráfico reinan junto a las necesidades?.
Un plan combinado de reforzamiento de la presencia del Estado, el aumento de los niveles de autoridad de los organismos de seguridad, el impulso a mayores planes de educación y el subsidio tienen que ir tomados de las manos, sin queremos reducir las tasas de pobres y aumentar el bienestar general de los panameños.