El mundo de los verdadero creyentes cristianos se acerca al humilde pesebre de Belén, donde se registró el portentoso milagro del advenimiento del Divino Jesús, Mesías, Luz y Redentor del Mundo.
El hermoso espectáculo de la Sagrada Familia: el casto José y la siempre Virgen María, progenitores terrenales de El Salvador, por sublime mandato de nuestro Dios Jehová, rodeados de extasiados animales del establo, en primera instancia y luego reverenciado el Niño Dios por humildes pastores, quienes guiados por la brillante Estrella de Belén, arribaron al sagrado lugar, después de haber recibido el mensaje celestial de la Natividad de Nuestro Señor de: "Gloria a Dios en las Alturas y Paz entre los hombres de buena voluntad".
¡La esplendorosa e inmortal Navidad panameña!: Revestida de eternas y gloriosas tradiciones, elocuentes e irrefutables dogma y cánones religiosos cristianos, de bondadosas costumbres, de jubilosas cultura y folclor, muy propios de nuestra raigambre hidalga hispanoamericana, que felizmente heredamos de nuestros padres y nobles abuelos, nunca podrá ser erradicada del corazón y alma de nuestro pueblo, a pesar del constante acoso, y lavado de cerebro y malévola distorsión que a través de todos los medios de comunicación social ejercen los intereses creados extranjerizantes y anticristianos tanto de afuera como de adentro
¡Larga vida tendrá en el noble corazón y en los hogares istmeños el sonriente y bondadoso Niño Dios, quien es el gran y muy eterno personaje navideño por antonomasia, Luz y Verdad del Universo, quien da juguetes y múltiples regalos, a través de los regocijados padres, a los niños, quienes se han portado bien y ejemplarmente durante el año y le otorga salud y bienestar económico a los adultos creyentes en la excelsa doctrina de amor y hermandad, pletórica de justicia social que predicó el Divino Maestro.