Con el cántico de villancicos al son de panderetas, las posadas se han constituido en una de las tradiciones más seguidas durante el período previo a la Navidad en la región de Azuero.
Esta actividad es aprovechada para la convivencia fraterna y la evangelización sobre la importancia espiritual del nacimiento del hijo de Dios en los tiempos actuales.
Después del inicio del Adviento y unos nueve días antes de la Navidad, niños y grandes comienzan a prepararse para participar de estos encuentros comunitarios, en los que a pie acompañan a los que representan a José y a María hasta el "rancho", que se confecciona con anticipación para recibir al hijo de Dios como un signo de lo que debe significar esta celebración.
El padre Francisco Iturbe, párroco de la Iglesia del Rosario, indicó que ésta es una tradición muy antigua que recuerda cómo los pastores iban al encuentro del niño Jesús siguiendo la estrella, y manifestó que aunque en los tiempos actuales hay muchas variantes, la alegría de los niños, las panderetas y los cantos son signos externos de esta época especial.
Manifestó que los símbolos que se utilizaron durante estos días previos a la Navidad y entre los cuales estaban la Biblia, la luz, la oración, los pastores, entre otros, deben ser llevados a la vida para que la Navidad no se quede en signos externos o regalos vacíos, y la transformación sea efectiva y se note en la vida diaria más allá del 25 de diciembre.
Con los colores rojos y verdes que identifican este tiempo, los niños se visten de pastores y salen al encuentro de José y María, que lleva en su vientre a Jesús, mientras que en otros lugares más interioranos, las polleronas típicas y el sombrero pintado son el mejor atuendo para alabar al "Salvador" con el sello propio de cada lugar, logrando así llenar de colorido y tradición estas posadas.
La posada sale desde la iglesia de cada lugar, y con gran alegría, llegan hasta el sitio designado para cada día, donde los personajes que hacen de José y María piden albergue por una noche diciendo que "vienen cansados desde Nazaret".
Otra de las costumbres que aún se conserva en estos poblados es compartir algunas viandas después de cada posada, por lo que cada comunidad se organiza para brindar, dulces, refrescos y manjares típicos.