Imagínese a alguien que tomó una pócima encantada de esas que producen efectos positivos como amar más, regalar, reconciliarse con todos, ser una mejor persona, ser un mejor vecino, un mejor compañero, un mejor empleado y un mejor amigo.
La mayoría de las personas en el mundo parece haber bebido esta pócima de la felicidad para estos días. En Panamá, cuando explotaron los cohetes de multicolores a la media noche de Navidad todo será alegría y armonía. Se respirará un ambiente de amor, pero desafortunadamente ese efecto positivo se irá perdiendo con el transcurrir de los día y las personas volverán a ser lo que son: unos verdaderos ogros.
La Navidad produce, por sí, cierta dosis de felicidad por lo que representa. Nos recuerda el nacimiento de Jesús y las cosas que vino a hacer a este mundo por nosotros. Todo este significado toca nuestras vidas por instantes, pero desaparece porque lo sentimos fuera de nuestro corazón. Es como una brisa fría que pasa por nuestras casas, pero que no entra porque cerramos la puerta.
Si quieres dejar de eser ese ogro que siempre fuiste, abre la puerta de tu casa y de tu vida a ese niño que se hizo hombre y que vino a este mundo, tomando forma humana para ponerse en la Cruz en nuestro lugar para morir por tí y por mí.
No permitas que el efecto de esa pócima se vaya. Te invito a seguir con esa energía de vida. Toma de la fuente de agua eterna que te entrega Jesús, haciéndolo de la manera que nos enseñó. Ora en silencio.
Te pido una cosa. Si lo quieres hacer, ve a tu habitación o a cualquier sitio de tu casa o trabajo donde nadie te vea. Esto es entre tú y Él.
Pídele que te sane y que te regale la salvación de vivir para siempre. Dile que entre a tu vida y que estás arrepentido de corazón por las faltas cometidas.
Al final dile a Dios que le pides todo en nombre de Jesús.