Preocupación por huelga de hambre
de presos en Brasil
Santiago de Chile
EFE
Familiares y parlamentarios
chilenos reiteraron ayer su preocupación por el deterioro de la salud
de los cinco presos chilenos en Brasil, que llevan 36 días en huelga
de hambre en demanda por su libertad.
El diputado socialista Jaime Naranjo pidió ayer que viaje a Brasil
el subsecretario de Relaciones Exteriores, Mariano Fernández, para
gestionar el fin de la huelga de hambre de los chilenos.
El parlamentario acusó de insensibilidad'' a las autoridades en
relación a esta huelga de hambre que calificó como una de
las más largas de la historia'' y advirtió que médicos
brasileños han señalado que los ayunantes entraron en una
fase crítica''.
Los chilenos y otros dos argentinos además de un brasileño,
junto con dos canadienses que ya fueron repatriados, fueron condenados a
penas de entre 26 y 28 años de prisión por el secuestro, en
diciembre de 1989, del empresario brasileño Abilio Diniz.
Los chilenos Sergio Olivares Urtubia, Pedro Fernández Lembach,
Ulises Gallardo Acevedo y Hernán Tapia Collante permanecen desde
hace más de ocho años en el recinto penal de Carandirú,
en Sao Paulo, y María Emilia Marchiestá recluida en la cárcel
femenina de Butantá, en la misma ciudad.
En rueda de prensa, el diputado Naranjo subrayó que es urgente'',
antes de que ocurra un desenlace fatal, que viaje el vicecanciller chileno
a Brasil y que haga todas las gestiones pertinentes como lo hizo con tanta
diligencia en Londres por el caso Pinochet''.
Los ocho encarcelados en Brasil han cumplido la mitad de la condena y
están solicitando que la justicia brasileña les conmute el
resto de la pena o bien que se ordene su libertad y expulsión de
ese país.
Los acusados alegan que su acción fue política y limpia,
ya que no hubo muertos ni heridos y que los 40 millones de dólares
que exigieron por el rescate iba destinado a apoyar grupos guerrillleros
centroamericanos.
A los pocos días de la acción la policía brasileña
dio con los secuestradores y liberó al industrial sano y salvo.
La cancillería chilena y el propio presidente, Eduardo Frei, han
intercedido sin éxito ante el gobierno brasileño mientras
comités parlamentarios de ambos países y la Iglesia Católica
chilena y brasileña han pedido una rápida solución
a esta situación.

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