Cuatro disparos estremecieron una noche de fiesta. Al instante, gritos y llantos de desesperación de mujeres y niños se mezclaron con la alegre música, luego de observar que el cuerpo del bocatoreño Leonel Rivera García, de 35 años, yacía en el piso y a su alrededor había un charco de sangre.
El suceso sangriento se dio al frente de una residencia en la barriada Santa Elena, corregimiento de Tocumen, donde se celebraba una fiesta de uno de los familiares de Leonel, aproximadamente a las 9: 55 a.m. del viernes.
Según datos recabados por Crítica, Leonel estaba compartiendo con otras personas en las afueras de la morada. De repente, apareció un hombre de tez morena, con ropa oscura y un suéter sin mangas, lo que le permitía lucir un tatuaje de un crucifijo con llamas en uno de sus hombros. Sin mediar palabra, el desconocido se acercó a Leonel y desenfundó su arma para luego apretar el gatillo en cuatro ocasiones. A los segundos, Leonel quedó sobre una cuneta frente a la morada, con una bala en la sien, una en el hombro y dos en el brazo derecho. A su alrededor quedaron una chancleta y una gorra de mujer, al igual que un "cooler". Su muerte fue de forma instantánea.
Lo increíble de este hecho es que al asesino no le importó jalar el gatillo ante más de dos docenas de testigos, entre ellos familiares de Leonel. Al final, nadie pudo impedir que el sicario escapara de la escena del crimen de la misma forma como llegó, a pie.
Una vez que llegaron las unidades de la Policía Nacional al lugar de los hechos, se realizó una serie de operativos, dando con la retención de varios sujetos para investigación. Sin embargo, hasta la hora de redactar esta información, a ninguno de los retenidos se le había vinculado a este hecho de sangre.
Se maneja como posible móvil de este homicidio el ajuste de cuenta.