Los periodistas peruanos que viajaron acá a investigar las aventuras nocturnas de tres miembros de su Selección Nacional de Fútbol, luego del partido que perdieron con Panamá 1 gol a 0, pintaron al país como el cuartel de batallones de prostitutas que se venden al mejor postor.
Una deprimente propaganda para un país que pretende ser considerado como un referente de cosas positivas en la región. Lo peor de estas aseveraciones, es que en esencia son verdaderas. Las autoridades han permitido que el país se llene de mujeres, una buena parte de ellas extranjeras, que vienen a practicar el oficio más viejo de la humanidad.
La prostitución clandestina, hay que decirlo, es desde hace mucho tiempo un negocio lucrativo para un poderoso sector de la sociedad panameña, que tiene importantes ramificaciones en las instituciones gubernamentales encargadas de combatir esta práctica.
Hay sectores de la ciudad, como Bella Vista, Calidonia y la Vía Fernández de Córdoba, que son prisioneros de la prostitución femenina y masculina. Las familias decentes que antes podían salir en la noche a cenar a un restaurante o simplemente a caminar por sus aceras, hoy tienen temor de que sus hijas o esposas sean confundidas con una mujer de la noche. Todo a ciencia y paciencia de las autoridades.