domingo 5 de diciembre de 2004

 

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  AL CIERRE


¡No abandones a tu madre!

Minerva Bethancourth | Crítica en Línea

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Carmen recibió maltrato de parte de uno de sus hijos.

Carmen, quien crió a sus cinco vástagos lavando, planchando ropa ajena y desempeñando diversos oficios domésticos, nunca pensó que esos hijos por los cuales se desvivía, la dejarían en un albergue para ancianos, tras ser víctima de maltratos y abuso por uno de esos seres por lo cual ella lo dio todo.

Unos vecinos denunciaron a un hijo y a la nuera de Carmen por dejarla encerrada bajo candado en su casa, en medio de condiciones infrahumanas. Esta mujer oriunda de Santiago de Veraguas, con 73 años de edad, vino a Panamá hace 5 años "para ganar dinero". Lo logró y el regalo que recibe es abandono.

Narcisa, quien está al lado contiguo del pasillo de Carmen y ajena a la conversación dice "no hay peor cuña que la del mismo palo". Esta corpulenta y hablantina dama no fue madre biológica, pero si crió a una sobrina como si fuera hija de sus entrañas. Hoy añora que su sobrina la saque del albergue.

Entre recuerdos que sus canas le dejan asomar dice que ganó varios premios en el Festival de la Mejorana, "donde hay que darle mucho al zapateo" y sostiene que todo hijo es la mitad de la vida.

UN REGALO DESDE EL CORAZON
Desde Canajagua, provincia de Los Santos, Isidra rememora que educó a sus dos hijos cocinando para los peones y cargando comida pesada en la cabeza de un lado a otro.

Preguntamos cómo celebrará el Día de la Madre, sorpresivamente ella nos pregunta: "¿Cuándo se celebra eso?"

Con la venta de comida consiguió el dinero suficiente para comprar un terreno y así edificar su casa propia. Allí terminó de criar a sus dos hijos. Transcurrido el tiempo, a petición de su primogénito, puso la casa a nombre de éste, quien finalmente la vendió. Sobró plata para comprar una nueva, pero para sorpresa de Isidra no fue para vivir con ella ya que la pasaron al Albergue Bolívar.

Pensar que su segundo hijo pueda ir a su auxilio es imposible, pero éste vive lisiado tras un accidente que sufrió.

Pero, ¿qué regalo pide esta graciosa dama de sonrisa encantadora para este 8 de diciembre? "Le pido a Dios que a ese hijo majadero le ponga la mano en el corazón y me saque de aquí".

ES NICA, PERO SE SIENTE PANAMEÑA
Otra de las inquilinas es Ángela quien nació en Nicaragua, pero alega que es panameña de pura cepa.

Su compañera de cuarto, Eva, riposta y grita: "todo aquel que viene a Panamá se enamora de está tierra y termina quedándose".

Ángela cuenta que su único hijo viajó a los Estados Unidos en 1984 , allí formó una familia con tres hijos.

Para 1994 viene por su madre para que conozca a nietos y nuera. Hasta aquí todo va bien, transcurrido el tiempo, la comunicación entre madre e hijo terminaron. La tragedia de "Angy", quien es viuda, no queda allí, ya que la casa donde vivía se incendió y perdió todo.

Hay un sin fin de historias que contar que salen del corazón de cada madre que permanece en el Albergue Bolívar, muchas ya enajenadas con el peso de los años se esfuerzan por ponerse en pie.

Por todo aquel que reniega del ser que le dio la vida... ¡Madre, perdóname!

 

 

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