El “guayacolato” ha dado muerte a venerables ancianos en diferentes pueblos de la geografía nacional Chame es uno de ellos con un cementerio tan chico, como la plaza del pueblo y tan receptor, que el sonido que produce el choque del bate con la pelota se escucha resonar en todas las tumbas, que no pasan de 600. La mayoría de los sepulcros son viejos. En las decenas de lápidas recorridas no hay epitafios memorables que den datos de difuntos heroicos. Sólo uno escrito en francés –“Porquoi si tot”? - ¿Por qué tan pronto?-. El último entierro ha sido el de la querida señora Viola de Bethancourt 1916-2006 víctima del jarabe con ponzoña de la CSS. Sobre la tierra removida yacían inermes tapetes de coronas y así como en otros velorios de este desastre gubernamental del 2006, no llevé flores, sin embargo salí con un puñado de ellas para luego esparcirlas en las calles que amó doña Viola.
Supongamos que Alleyne y Luciani, ministro de Salud y director del Seguro respectivamente, juran y se comen los mocos, pensando que no tienen velas en ninguno de los 45 entierros oficiales del guayacolato y menos en los decesos extraoficiales por el masivo acto venenífero. Sospechamos que roncan como duermen: A pierna suelta. Lucen tranquilos con sus caras foscas y aparentan paz, pese a los tormentosos días que se vive en el país.
Al parecer de la opinión pública, el mayúsculo descrédito de la C.S.S., ni el llanto de los dolientes, hace entender a estos tipos, que deben separarse para investigar sin apremio. El desaseo visible y las colonias de la peligrosa rata china y otras alimañas que hicieron habitat del laboratorio son señales gigantescas que en administración y respeto estos sujetos son legos de una ignorancia.
De administración porque nunca bajaron con una escoba a poner orden y de respeto, porque en la tumba de Chame no vi una sola flor de los desalmados que le brindaron bebida tosigosa por medicina.