La versión de que al jefe de la Unidad Especial de Investigaciones Sensitivas de la PTJ, Franklin Mauricio Brewster Chase lo envenenaron sus propios compañeros, habría sido revelado por un narco colombiano. En uno de esos centros nocturnos donde las chicas ejercen el oficio más viejo del mundo y lo enseñan todo, el suramericano comentó "como que habían pagado $500 mil para que hicieran el trabajo y el trabajo se hizo desde adentro".
El inicio de la Operación Laboratorio, donde se revelaba las operaciones de un cartel que mantenía cargamentos de cocaína en depósitos alquilados, introducía drogas por el Terraplén, pero que además tenía en su nómina a miembros de la PTJ, serían la punta del icerberg
El Ministerio Público investiga a Gioconda Veliz, Kenneth Brown e Irving Francis, los tres subalternos de Brewster, como los supuestos responsables del hecho. Un cartel del narcotráfico habría pagado una fuerte suma de dinero para echarse al inspector, que había sido clave en las investigaciones contra la red de Pablo Rayo Montaño.
A favor de los tres se presentó un Habeas Corpus que tiene como magistrada ponente a la presidenta de la Corte Suprema de Justicia, Graciela Dixon. El exfiscal Rolando Rodríguez, defensor de Gioconda Veliz, dijo estar seguro que ésta ni los otros dos miembros de la PTJ, tienen que ver con esa muerte.
El lunes 3 de julio -el día del envenenamiento- Brewster llegó a las 8:20 a.m. a las oficinas de la "Sensitiva" en Clayton. De su casa llevaba un desayuno: dos michitas de pan con queso y mayonesa y una pera. También iba apertrechado con un almuerzo que incluía dos filetes de cazón que había comprado en un supermercado de Juan Díaz, arroz con coco y tajadas, que le había preparado su esposa Elisa. Su compañera y su hijo de dos años comieron ese mismo menú ese día.
La "Sensitiva" había sido creada en el año 2002 y operaba con cierta autonomía para investigar casos de alto perfil. Unos 25 agentes comandados por Brewster formaban parte de esa División.
El día del envenenamiento, la jornada de la División hace 5 meses incluyó una reunión matutina. Luego a las 10:00 a.m. Franklin bajó al pequeño gimnasio e hizo unos cuantos minutos de pesas, rutina que realizaba con regularidad.
A las 12:55 p.m. le dijo a su secretaria Liliana que saldría al banco. Tomó su auto y se dirigió al área de El Dorado. Al Citibank de ese sector llegó a la 1:02 p.m. y la 1:04 p.m. hizo un pago de B/.100 a su tarjeta de crédito. Luego cruzó al 99 de El Dorado y a la 1:24 p.m. pagó la cuenta de luz y teléfono de su residencia.
Doce minutos después llegó a la sucursal de la Caja de Ahorros de Plaza Aventura, donde depositó un cheque por la suma de B/.2,988. Del establecimiento bancario salió a la 1:59 p.m.
A la sede de la División retornó a las 2:50 de la tarde. No sé sabe dónde estuvo Brewster en casi una hora: de 1:59 p.m. a 2:50 p.m. Cuando llegó a la Sensitiva fue a la refrigeradora y sacó su almuerzo para calentarlo y se dirigió a su oficina, donde ingirió su comida. Luego se sintió mal y se metió al baño.
EL DIA DEL INCIDENTE
Franklin sudada y temblaba. Se quitó la camisa. Se doblaba de un fuerte dolor en el estómago. No tenía fuerza ni para gritar ayuda. Como pudo a la 3:51 p.m. marcó el celular del segundo en mando de la Sensitiva, Keneth Brown y en voz baja le dijo que se sentía mal. Brown lo encontró tirado en el piso y que lo llevaran al hospital. Junto al detective Agustín Rodas lo cargan y se dirigen a la Hospital Nacional.
Rodas recuerda que Brewster "no podía ni hablar. Sólo se quejaba. Se retorcía y lloraba del dolor". A las 4:00 p.m. llegaron al nosocomio ubicado en la avenida Perú.
El Dr. Martín Torres lo atendió y relató que el paciente llegó en mal estado general y con movimiento musculares involuntarios, pero estaba consciente. El médico le preguntó si alguien le había hecho daño y respondió que no. El inspector presentaba una intoxicación catastrófica, añadió el galeno.
El especialista Ramiro Da Silva también lo atendió. Conversó con Brewster y éste le negó que hubiese utilizado droga ni insecticida. Presentaba una "historia inocente", para el cuadro "aparatoso" que reflejaba, declaró el médico.
Elisa, la esposa de Brewster, recuerda que los médicos del Hospital Nacional, le recomendaron investigar lo sucedido, porque parecía que a Franklin lo habían envenenado.
La señora del jefe de la Unidad Especial de Investigaciones Sensitivas afirmó que éste nunca le comentó sobre supuestas amenazas.
Luego a las 8:28 de la noche de ese mismo día, Brewster fue trasladado al cuarto de urgencias del Hospital Santo Tomás, pero luego a las 3:10 a.m. del 4 de julio lo llevaron al Complejo Hospitalario de la Caja de Seguro Social.
El doctor Simón Theoktisto Ballanis declaró que el miembro de la PTJ estaba despierto, intubado, con salivación abundante, bronco espasmos, cólicos abdominales, piel roja, respiración rápida y difícil y estaba conectado a un ventilador mecánico portátil cuando llegó a la CSS. Allí lo atendieron los especialistas Ernesto Blecazar y Eric Pinilla.
DIAGNOSTICO DE ESPECIALISTAS
El 19 de julio, Franklin Brewster dejó de respirar. La necropsia reveló que la muerte fue producto de una intoxicación por órganos fosforados, que no son más que plaguicidas o pesticidas.
Sin embargo, el 6 de julio, el Laboratorio de Toxicología Forense de la PTJ redactaba un informe que señalaba que no se había detectado en los exámenes, presencia de plaguicidas órgano fosforados. El encargado alegó en su defensa que los exámenes en cuestión se hicieron, luego que Brewster había sido sometido a desintoxicación en el hospital.
La Fiscalía Auxiliar -en base a un informe médico- resalta que los efectos de los órganos-fosforados en el cuerpo humano se producen en un lapso de entre 5 a 30 minutos, período que encaja entre la hora en que el inspector retorna a su oficina e ingiere sus alimentos y cuando comienza a sentirse mal.
Los investigadores descartaron que la esposa con la que Brewster mantenía una relación de cuatro años estuviera envuelta en el hecho y además pasó satisfactoriamente la prueba del polígrafo.
Según el fiscal Auxiliar, Luis Martínez la contaminación "dolosa" de los alimentos se produjo mientras estaban guardados en la refrigeradora de la Sensitiva.
Para la Fiscalía, el envenenamiento se produjo por una investigación denominada Operación Laboratorio, que había iniciado Brewster informalmente desde el 23 de junio a petición de la Fiscalía Primera de Drogas, en base a un informante que alegaba que unos colombianos lo estaban presionando para que participara en narcotráfico.
El informante se reunió con Brewster, el fiscal Javier Caraballo y la detective Gioconda Vélez, jefa de Inteligencia de la Unidad Sensitiva, a quienes les dijo que los colombianos iban a enviar a uno de sus miembros procedente de Medellín. La llegada del extranjero coincide con el envenenamiento del inspector panameño.
El 3 de julio, el miembro de la PTJ le remitió al Fiscal Javier Caraballo, un reporte donde pide autorización para que la Unidad Sensitiva iniciará la investigación de la organización de narcotráfico, en base a los datos suministrados por el informante. La Procuraduría autorizó la operación el 4 de julio, pero la notificación del permiso llegó a la División el 7 de julio.
El 3 de julio -el día en que fue envenenado Brewster- el informante sostiene que el inspector lo llamó para alertarlo que "no le diera información a nadie salvó a él. Me dijo que si llamaba alguien haciéndose pasar por Gioconda o alguien de la PTJ o con voz de mujer, no le dijera nada". No me dio más detalles, pero me dijo que no me preocupara.
Posteriormente a lo sucedido a Franklin Brewster, el informante se reunió con Gioconada Veliz y Keneth Brown, a quienes les manifestó que los colombianos alegaban que le pagaban mucha plata a gente de la PTJ, para que les dijeran todo lo que pasaba. Los dos pusieron cara de asombro y no dijeron nada, relató el testigo.
Para el fiscal Martínez, resulta sospechoso que los detectives en cuestión dejaran en estado de pasivo la investigación contra los colombianos. Además destaca que el mismo día en que Brewster pide autorización para investigar a una organización de narcotraficantes, se produce su intoxicación. Se puede inferir que los "cómplices del homicidio" debían tener información de las interioridades de la investigación, lo que permitió alertar a los blancos de la pesquisas y provocar la inmediata reacción para consumar su propósito criminal.
JUSTIFICACION DE ARRESTOS
Para justificar la detención de los subalternos de Brewster. El fiscal alega que los detectives Brown, Velez y Francis -al ser sometido el 1 de septiembre- al detector de mentiras por un agente del FBI, arrojó indicios de engaño. El perito Jay Cherry les preguntó ¿usted envenenó a ese hombre? y ¿está usted involucrado en cualquier forma de envenenamiento de ese hombre?.
Sin embargo, algunos abogados alegan que en el expediente no hay mayor prueba concreta contra los investigados, salvo el resultado del polígrafo, por lo que no se descarta que los tres miembros de la PTJ logren un Habeas Corpus favorable.
Otras fuentes revelaron que Brewster investigaba la desaparición de B/.2 millones de la residencia del narcotraficante Pablo Rayo Montaño, en el sector de La Boca, que pudieron ser sustraídos por unidades de la PTJ.
Además en julio, una hoja anónima de la supuesta organización criminal "Factura Roja" alegó que pagó B/.150 mil por envenenar a Brewster, como reacción por el decomiso de casi tres mil kilos de cocaína en abril, a través de la Operación "Alamo".