Mariano Sagel Bejerano, junto con Gloria Palacios, trasladaba hasta la comunidad de Jijibre, en Hato Chamí, el cuerpo del infante Rodolfo Palacios, de dos meses de nacido, quien murió el 27 de noviembre, producto de una neumonía.
En el mismo carro, viajaba, Libardo Gallardo, que había llegado desde Alto Caballero y pasaba por los mismos problemas para llevarse el cadáver de su hija, Jacqueline Gallardo, que a sus 3 años murió de pulmonía en el mismo hospital infantil.
Todos ellos tendrían que caminar por lo menos dos horas, desde donde los podía dejar el vehículo que los llevaba hasta sus hogares, a través de los caminos inaccesibles de la comarca Ngöbe Buglé.
Apiñados en las 2 cabinas y el vagón del carro, estas personas salían de David; esperaban que no estuviese lloviendo, como de costumbre, para el área comarcal, a fin de que los ataúdes y sus pertenencias no se mojaran con la lluvia.
Según fuentes de la Gobernación de Chiriquí, están en espera de un vehículo que recientemente se prometió por parte del Despacho de la Primera Dama de la República para este tipo de apoyo a los ciudadanos de la comarca Ngöbe Buglé.
Por otra parte, se han estudiado posibilidades de que mediante una coordinación interinstitucional entre Chiriquí y la comarca, se contemplen recursos -como madera- para la fabricación de los féretros, un vehículo asignado para este tipo de traslados y un fondo económico disponible para estos casos; no obstante, nada se ha concretado.
Esta situación se ha constituido en un problema del cual nadie sabe quién debe atender, mientras las personas siguen muriendo y el círculo de pocas respuestas de las autoridades comarcales y los inconvenientes de los ciudadanos continúa.