Empecemos por recordar la bellísima frase que Santa Mónica le repitió a su hijo, San Agustín, dentro del marco de un sueño que aquella tuvo con Nuestro Señor, respecto del comportamiento de ese hijo... Le dijo:
"...El (Dios) no me dijo que donde está El estás tú... sino que, donde tú estás está El..."
Analicemos y hagamos una buena digestión, poniendo en práctica el profundo contenido de semejante 'manjar' cristiano. Por otra parte, y como un segundo mensaje cristiano de fe y esperanza, a continuación transcribo para ustedes, mis amables lectores, el artículo titulado, "El Juez y los Presos", sacado de la revista (católica) "Compañeros", No. 10, correspondiente a Oct-Dic./2005, pág. 34, cuyo texto es el siguiente:
"Un juez iba a liberar a un preso de la cárcel, por lo que hizo pasar a uno por uno a una (entrevista) con él, para ver quién merecía ser liberado. Al preguntar al primero la razón de su encarcelamiento, éste le dijo: -'Estoy aquí porque me calumniaron y me acusaron injustamente'. Llamó al segundo y éste contestó: - 'Estoy aquí porque dicen que robé, pero es mentira'.
"De esta forma fueron pasando todo los presos y se declaraban inocentes, hasta que llegó el último que dijo: - 'Estoy aquí porque maté un hombre. Hirió a mi familia y perdí el control. Por eso lo maté. Hoy me doy cuenta que hice mal y estoy muy arrepentido'.
"El juez se levantó y dijo: -'Voy a liberar a este último preso'. Todos se quedaron perplejos y dijeron: - 'Pero ¿por qué lo vas a liberar a él?'. El juez contestó: - 'El castigo es para los que esconden sus faltas; la misericordia para los que las reconocen y se arrepienten...".
Por considerar que su contenido es de gran valor espiritual para la meditación, quise compartir este relato con ustedes, lectores amigos, a través de las páginas de este su diario. Mientras tanto, Dios les bendiga a todos, y...
¡Au Revoir!