Hoy se conmemoran 37 años de la muerte del dirigente revolucionario Floyd Wendell Britton Morrison, quien pereció en las berlinas del penal de Coiba, víctima de las torturas de los militares.
Este fundador de varios movimientos de izquierda nació en Colón el 21 de abril de 1937, producto del matrimonio de la nicaragüense Nelly Morrison y Leland Britton. Estudió en el colegio Artes y Oficios y el Instituto Nacional.
Para 1957, se involucra en la reorganización de la Federación de Estudiantes Panameños (FEP) y es elegido presidente del Congreso de la FEP celebrado en 1957.
Britton integrò el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), organización que en 1959 participa en el alzamiento de Cerro Tute. Además comandó un desembarco de armas en las playas de Santa Clara.
Por varios años vivió exiliado en Guatemala y en 1964 crea la Unión Revolucionaria Panameña (URP) y posteriormente el Movimiento de Unidad Revolucionaria (MUR).
Apenas contaba con 32 años cuando murió a consecuencia de los golpes que le propinaron en la isla penal de Coiba, el 29 de noviembre de 1969.
Coiba fue utilizado como penal desde noviembre de 1919 y se dividía en 24 campamentos.
Floyd era estudiante graduando de Filosofía e Historia de la Universidad de Panamá y realizaba su práctica docente en el Instituto Nacional.
Fue detenido el 12 de octubre de 1968, en su residencia en Rìo Abajo, donde vivìa con su compañera Eloisa Fernàndez y su pequeño hijo de un año. Debía pagar una pena de 90 días de arresto en la celda No.13 de la Tercera Galerìa de la cárcel Modelo, pero la reclusiòn se extendió por un año y luego fue enviado a Coiba, donde se le torturaba. Orinaba y defecaba sangre, según recuerdan sus compañeros del campamento central.
El médico Fabio Velarde dictaminó que su muerte fue producto de un infarto del miocardio. Sus restos nunca fueron entregados a sus familiares. En 1991 hubo diligencias de exhumación en dos tumbas en el cementerio penal de “El Marañón”, pero los resultados fueron infructuosos. En abril de 1993, se declara la prescripción del caso. En abril del 2004, se pidió reabrir el caso.
Para agosto del 2001, hubo nuevas excavaciones en el camposanto “El Marañón”, donde un testigo conocido como “Parita” había dicho que sabía donde fueron enterrados los restos de Floyd. En esa diligencia participaron los antropólogos Murray Marks y Frank y Julie Saul. Se ubicaron unas osamentas, pero no coincidían con los rasgos del dirigente revolucionario. Todo indica que en las 132 tumbas existente en el cementerio no estaban los restos del dirigente del MUR,
Floyd Britton fue un verdadero revolucionario. Lo mínimo que se merece es que se ubiquen sus restos para su familia tenga una tumba, donde pueda llevarle un arreglo floral y donde la juventud idealista cada 29 de noviembre pueda asistir en romería para rendirle tributo.